Hay que ver lo bonicos que llegan a ser los animales. De hecho, muchas veces parecen mostrar sentimientos mucho más humanos que los nuestros. Y no hablamos de perros o gatos, que eso no tiene tanto mérito. En el caso de hoy nos referimos a una auténtica leona.

Efectivamente, a cualquiera se le helaría la sangre al ver acercarse a semejante felino, pero Adolfo no tuvo ese problema. Pese a que hacía mucho que no veía a la leona Kiara, sabía que su reacción no iba a ser otra. Y es que Kiara había sido repudiada por su madre al nacer en un refugio para animales. El animal había ido a parar allí tras ser rescatado de un entorno en el que se le había humanizado (circos, zoológicos). En el refugio daba a luz a su pequeña, pero la condenaba a la muerte al no alimentarla tan siquiera.

Así las cosas, el cuidador empezaba a criar al animal. Durante años, Kiara era atendida constantemente por Adolfo. Una suerte de padre adoptivo que, pese a pasar largo tiempo sin ver a la leona, era reconocido al instante por el animal. Su reacción ante el reencuentro no está pagada.

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