El mundo siempre se ha comportado de forma cruel con ellos. La historia de los pueblos nativos de América del Norte ha estado, tradicionalmente, ligada al drama. Desde la llegada de los conquistadores europeos, todo ha sido una sucesión de golpes que ha terminado por destruir, prácticamente, unas sociedades y formas de vida que poblaron las llanuras de Estados Unidos durante largo tiempo.

Cada vez que las cosas se han puesto feas, los indios terminaban llevándose un mamporro. De hecho, incluso en la Segunda Guerra Mundial sufrieron de lo lindo. Puede parecer extraño, ya que si hablamos de los navajos, lo normal es pensar en señores con plumas en el pelo, sentados alrededor de un tótem y fumándose una buena pipa. Sin embargo, este pueblo todavía perdura en reservas y tuvo un papel fundamental en el conflicto bélico.

Eran tiempos difíciles. Los avances de la Alemania nazi y sus aliados eran realmente preocupantes. Sin embargo, el bombardeo a la base de Pearl Harbor (1942) sería el pasaje que haría saltar todo por los aires. Estados Unidos entraba en una guerra que se extendía por todo el planeta. Todo era francamente complicado en un tiempo en el que cada pequeña información del enemigo interceptada podía ser vital, como también el envío de mensajes sin ser detectados. En ese contexto, la infantería de Marina de EE.UU. reclutaba a un grupo de 30 locutores navajos para eludir a los descifradores de ejércitos enemigos.

Podían comunicar mensajes de importante complejidad con un lenguaje absolutamente desconocido para todos los enemigos. Así, varios navajos eran desplegados también con los marines, trazando una red de comunicación indescifrable en cualquier punto del frente. Efectivamente, los indios se convertían en pieza vital para la victoria de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial.

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