Efectivamente, hubo un día en el que a un señor se le ocurrió la posibilidad de navegar por debajo del agua. La idea no parecía demasiado buena sobre el papel, pero lo cierto es que el holandés Cornelius Drebbel tubo una idea fina filipina que, sin embargo, no caló demasiado hasta unos siglos después.

Era una de las mentes más brillantes del siglo XVII. El rey de Inglaterra no dudó en hacerse con los servicios del inventor holandés Corneluus Drebbel con el objetivo de que pusiese todos su cerebro al servicio de los intereses de la corona. Así, el visionario tipo tuvo la ocurrencia de diseñar una nave que podía navegar por debajo del agua. De hecho, todos sus esfuerzos se centraron en convencer a la Armada Británica de que esa idea era el futuro.

Submarino Cornelius Drebbel

Cogió un barco de pesca, le puso un techo de madera y cubrió toda la nave con cuero engrasado. Doce remeros se metieron dentro con un esnórquel para respirar. Ellos fueron los encargados de mover un submarino cuya inmersión se realizó en el río Támesis en 1620. Doce pies fue la profundidad lograda por el invento, lo que encantó al rey, pero no tanto a una Armada Británica que no le veía la utilidad.

Así las cosas, a Cornelius Drebbel hay que atribuirle el honor de ser el inventor del submarino, pero la realidad es que todavía hubo que esperar tres siglos para que su sueño se hiciese realidad.

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