Toda ayuda es poca. Cuando te enfrentas a un conflicto de la envergadura de la Segunda Guerra Mundial, todos los elementos entran en el conflicto para jugar su papel. Efectivamente, incontables factores entran en juego cuando medio mundo se está dando de tortas con el otro medio. Sin embargo, el factor psicológico y la moral siempre ha sido pieza fundamental en cualquier conflicto bélico. Si no, que le pregunten a las tropas alemanas…

Los aliados habían logrado revertir el destino del mundo. La Segunda Guerra Mundial estaba dando un giro con Estados Unidos y el resto de las tropas aliadas entrando por suelo francés. Del mismo modo, los rusos cerraban la pinza sobre Hitler y el ejército nazi por el este. Los soldados alemanes se plantaban en Stalingrado en la que, a la postre, se convertiría en una de las contiendas más cruentas de la historia de la humanidad. Y es que las tropas de Alemania sufrían tanto los ataques rusos, como unas condiciones climatológicas para las que no estaban preparadas.

Batalla de Stalingrado

Así las cosas, los Aliados no tardaron en darse cuenta de que estaban destruyendo al enemigo. El Servicio Exterior de la emisora de radio de la BBC comenzaba a enviar un mensaje constante y machacón de forma reiterada: “Cada siete segundos muere un alemán en rusia. ¿Es su marido? ¿Es su hermano? ¿Es su hijo?”. Así una y otra vez.

Los altavoces sobre los postes de la ciudad de Stalingrado lo repetían una y otra vez: “Cada siete segundos…”. Los soldados alemanes se pasaban el día escuchando la misma cantinela. Así iba produciéndose un desgaste psicológico brutal que, unido al deterioro físico, terminaba llevándose por delante al imponente ejército nazi.

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