Es una de esas historias que todos conocemos de sobra. Isaac Newton está sentado debajo de un manzano, pensando en sus típicas cosas de Isaac Newton. En ese momento, una de las frutas del árbol le cae sobre la cabeza, momento en el que vive su momento de “eureka” y traza las líneas maestras de sus teorías físicas. Eso es lo que decía su biografía La vida de Sir Isaac Newton, escrita por su buen amigo William Stukeley en 1752.

¿Cuánto hay de realidad en esta famosísima historia? Pues, según muchos historiadores, poca. Por aquellos tiempos, Isaac Newton era un tipo ya de enorme prestigio. Sus trabajos, estudios y teorías llevaban tiempo elaborándose, de modo que el momento de la manzana no habría sido más que una forma de venderse de forma romántica. Una maniobra de marketing que, sin duda alguna, le funcionó a las mil maravillas, dado que todavía se habla del instante.

¿Por qué una manzana? El hecho de que, probablemente, Newton y Stukeley decidiesen apostar por esta fruta para la anécdota encuentra su razón de ser en el simbolismo de la manzana. Desde la Biblia y el mordisco de Eva, la manzana siempre se ha considerado como símbolo del conocimiento. Así, realidad o no, lo que es incuestionable es que la idea fue brillante.

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