No hay guerras peores que las fratricidas… Entre 1936 y 1939, España asistió a uno de los conflictos bélicos más cruentos de la historia. Después de varios años convulsos, la Segunda República Española terminaba saltando por los aires y, con ella, las esperanzas y los sueños de un país mejor. El levantamiento militar con el general Francisco Franco al frente suponía el inicio de una contienda que llenaría de cadáveres el suelo español. Un conflicto entre hermanos, amigos y vecinos, cuyas dimensiones parecen haberse olvidado con el paso de los años.

No hay nada que merezca el precio de una vida. Partiendo de esa base, el hecho de que casi 500.000 españoles muriesen durante la Guerra Civil resulta aterrador. Obviamente, resulta imposible fijar el número exacto de fallecidos a consecuencia del conflicto armado, pero todos los historiadores y expertos coinciden en fijar la cifra en un abanico cercano al medio millón. Si tenemos en cuenta que la población de España no alcanzaba los 26 millones por aquel entonces, el número resulta escalofriante.

A día de hoy, más de 100.000 cadáveres siguen enterrados en fosas comunes y en cunetas. La crueldad de la Guerra Civil Española no conocía de límites. A ellos se sumaron otros 120.000 fallecidos en los años posteriores al conflicto, a consecuencia de hambrunas y enfermedades derivadas del conflicto. Del mismo modo, hasta 50.000 personas más morían ejecutadas al finalizar la guerra, sin que se pueda cuantificar cuántas víctimas se cobraron unas cárceles en estado calamitoso y los trabajos forzados a los que muchos presos eran sometidos.

Cuesta creer que hechos como aquellos pudiesen ocurrir en nuestra tierra, pero la historia siempre debe estar presente para recordarnos los errores que no debemos repetir.

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