Suena loco, pero es la realidad. A cualquiera le parecería extraño eso de que uno de los tipos más despreciables de la historia de la humanidad pudiese ser candidato al Nobel de la Paz. No es para menos, ya que el responsable de la muerte de millones de personas y el hombre que puso en jaque a todo el mundo a mediados del siglo pasado no parece un perfil ideal como para ser candidato al galardón. Y es que Adolf Hitler tenía poco de bueno…

Sin embargo, en el año 1939, se produjo una situación de lo más surrealista: Hitler era propuesto como candidato al Nobel de la Paz. Por aquel entonces, durante los años previos a la Segunda Guerra Mundial, las caretas ya habían caído. El dictador había puesto en marcha sus infames planes, cuando un miembro del parlamento sueco decidía proponerle como candidato al premio. Lo realmente curioso es que Brandt (así se llamaba el hombre) era miembro del Partido Socialdemócrata y un confeso antifascista. Su intención era meramente satírica, ya que no le habían gustado nada las propuestas para el Nobel de la Paz de varios colegas del Parlamento, especialmente la del Primer Ministro británico Neville Chamberlain.

El problema que tienen estas “bromillas” es que suelen terminar escapando al control de quien las lanza. Después de comprobar que su propuesta era tomada en serio, Brandt intentó retirar la candidatura sin éxito, lo que convirtió a Adolf Hitler en candidato oficial al premio Nobel de la Paz. Tela…

Así las cosas, un antifascista como Brandt quedaba para la historia como el tipo que propuso a Adolf Hitler para el Nobel de la Paz. Su verdadero objetivo con tal acto terminaba diluido en los océanos del tiempo.

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