En toda guerra, siempre había quien intentaba paliar las consecuencias del desastre. Efectivamente, en los incontables conflictos bélicos que ha visto el mundo, los médicos propios de cada ejército y sus colaboradores corrían por el frente de batalla para intentar salvar a los heridos. Algo que se traducía, en muchas ocasiones, en su propia muerte.

Estábamos a mitad del siglo XIX. Hasta ese momento, cada fuerza armada utilizaba un símbolo distintivo diferente para sus servicios médicos. Además, el respeto a estas figuras por parte del enemigo era prácticamente nulo. En medio de todo el asunto, emergió la figura de un tipo llamado Henry Dunant cuyo objetivo no era otro que el de acabar con ambos problemas. Así, en 1963, con un comité que sería el origen del Comité Internacional de la Cruz Roja, se adoptaba la decisión de crear un símbolo que sirviese para distinguir a los servicios médicos en medio del combate y que, además, estuviese dotado de una seguridad jurídica. Ya no se podía disparar contra los médicos impunemente.

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Ese mismo año se convocaba la primera Conferencia Internacional en la que se adoptaba la Cruz Roja como símbolo definitivo. Lejos de lo que podría pensarse, lo cierto es que el mismo carecía de implicación religiosa alguna, ya que no se hacía más que recoger el símbolo contenido en la bandera de Suiza, el país impulsor de la iniciativa.

En 1929 y ante la posible asociación religiosa de la Cruz Roja, se aprobaba la Media Luna Roja como distintivo para países musulmanes. Grandes pasos históricos en el campo del derecho internacional.

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