Menuda cara de bobos se nos ha quedado… Todos los seriéfilos llevábamos una buena temporada esperando el aterrizaje de Krypton. Y es que todo lo que nos suena a Superman nos atrae como polillas a la luz. Así somos. Puede que la culpa sea nuestra por esa tendencia al entusiasmo exacerbado que tanto nos caracteriza. Sin embargo, nos cuesta hacer otra cosa que no sea volcar todas nuestras iras contra la infame producción de Syfy.

Para que nos entendamos, Krypton es a un espectador lo que la kryptonita a Superman. Enfrentarse al primer episodio y comenzar a sentir una debilidad endiablada es todo uno. Vamos menguando hasta car de rodillas al suelo rogando clemencia. No tengo claro que podemos haberles hecho a David Goyer y compañía, pero debe haber sido grave para que su réplica sea esta. Alguna razón debe existir para que se hayan puesto así. En cualquier caso, nosotros veníamos de buen rollo y no creemos que deban perderse las formas de este modo. Las cosas se hablan civilizadamente y no va uno haciendo Krypton a lo loco.

Krypton
“No soy un Superman, soy un hombre muy sencillo que te quiere enamorar…”

Muchos pensaréis: “qué exagerado el zopenco este. Seguro que no está tan mal”. Pues nada, nada. Vosotros cogéis y os plantáis Krypton delante de la carita. Os coméis una horaza de gestión gloriosa de trama, excelsos personajes y un orden narrativo brillante como está mandado, eh. Qué maravilla, por dios… Os hablaríamos un poco de que va del abuelo de Superman y de las típicas cosas que haría el abuelo de Superman, pero tampoco importa demasiado.

Krypton

Mientras uno está viendo Krypton, las preguntas que le asaltan se dirigen sobre todo a los agujeros en la trama (llámale “trama” llámale “x”). No obstante, tampoco conviene darle demasiadas vueltas, ya que al acabar el primer episodio todo se reduce a una única duda: ¿Esto va en el contenedor de orgánico, de envases, de papel o es un residuo nuclear?

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