A estas alturas, a todos nos resulta imposible imaginar a otro Rick Grimes que no sea Andrew Lincoln. Todo parecía apuntar a que la carrera del actor británico quedaría irremediablemente marcada por la romántica y emblemática escena de Love Actually, en la que declaraba su amor incondicional a Keira Knightley con aquellos inolvidables cartelitos. Poco podíamos imaginar que el gran personaje de su vida estaba a punto de llegar.

The Walking Dead no podría existir sin su sheriff protagonista, un papel del que se iba adueñando poco a poco un Andrew Lincoln que ha terminado convirtiéndose en auténtico icono de la pequeña pantalla. Sin embargo, los planes de los responsables de la serie eran muy distintos. De hecho, ya tenían el compromiso de otro gran actor ara hacerse con el papel.

Seguramente muchos lo hayan olvidado, pero Frank Darabont (Cadena Perpetua, La Milla Verde) era el responsable de llevar a la pequeña pantalla The Walking Dead. El creador de la ficción se apartaba a los pocos capítulos por problemas con la cadena, pero tenía clarísimo el nombre del actor que quería para ser Rick. Nos referimos a Thomas Jane, uno de los actores preferidos por Darabont. Ya le había dirigido en la brutal La Niebla, de modo que no tardaba en arrancarle el compromiso para protagonizar The Walking Dead. Lo que nadie esperaba era el giro de última hora que se producía…

Thomas Jane

Finalmente, su trabajo en Hung lo hacía todo incompatible. En un principio, la ficción de la HBO no debía suponer problema alguno para compatibilizar ambos trabajos. Sin embargo, parece que en la HBO no gustaba demasiado que una de sus estrellas se sumase también al ambicioso proyecto de la competencia. Así, Thomas Jane desaparecía de escena dejando su hueco a un Andrew Lincoln cuyo trabajo resultaba intachable.

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