Nunca es fácil sobrevivir a una obra maestra. Durante casi tres décadas, Los Simpson ha demostrado que es una de las mayores maravillas de la historia de la pequeña pantalla. La sensacional ficción es mordaz, audaz y gloriosa en general. Y es que lo de Homer y compañía no tiene comparación.

Así las cosas, Matt Groening siempre se ha encontrado con que su mayor éxito es también su mayor problema. ¿La razón? Pues que, obviamente, todo trabajo suyo ajeno a la familia de Springfield se somete a la inevitable comparación. Y ya se sabe que las comparaciones son odiosas. Si no, que le pregunten a Futurama.

Efectivamente, Groening presentaba otra gamberra ficción animada hace dos décadas, llevándose palos por todas partes. Futurama terminaba siendo cancelada porque en su día la gente no tuvo la amplitud de miras suficiente como para darse cuenta de que era genial. Hoy es una serie de culto y nadie cuestiona su valía, pero en su momento acabó hundida.

(Des)encanto

Todo este preámbulo se hace necesario para hablar de (Des) encanto, una nueva serie que unía a Netflix y Matt Groening en lo que prometía ser una unión de éxito. Desgraciadamente, esta vez el fracaso está justificado. Independientemente de la audiencia, la realidad es que (Des) encanto resulta una buena decepción. Salvo algún que otro alarde de imaginación y esporádicas situaciones realmente cómicas, lo cierto es que personajes, trama, humor y mordacidad fallan en una ficción que no tiene ninguna pinta de ir a convertirse en serie de culto ni en mil años. Mejor olvidarla…

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