Corren buenos tiempos para la ciencia-ficción. El género siempre ha gozado de legiones de fieles, pero la realidad es que nunca ha sido empresa sencilla la de abordar proyectos de este perfil. Cuestiones de liquidez, vamos. La ciencia-ficción es cara. sin embargo, lo de imaginar con mesura ha muerto. Todo lo que un creativo sueñe se puede hacer realidad y ya no hay que dejarse un riñón. De ahí que nos encontremos proyectos tan brillantes como Counterpart.

A lo largo de los últimos meses, la capacidad de seducción de Netflix nos había llevado a que todos los fans del género volviésemos la mirada a Altered Carbon. Sin embargo, el auténtico pepinazo estaba dejándose ver por la HBO. Y es que Counterpart es la ficción televisiva que estábamos esperando.

Counterpart

Es sustancialmente más profunda, interesante y audaz que cualquier serie que nos hayamos encontrado en los últimos meses. La historia de Howard, un hombre que descubre que la organización en la que trabaja oculta el acceso a una dimensión paralela, es el epicentro de todo. El personaje construido por el enorme J.K. Simmons se ve envuelto en un mundo cargado de intrigas y preguntas. Solo puede confiar en su “otro yo”. El caldo de cultivo no podría ser más perfecto.

Counterpart

Si una cosa le reprochamos a Altered Carbon esa fue su facilidad para abordar con trazo grueso las aristas de su mundo. En el caso de la serie de Netflix, la obra de partida invitaba a una sutileza que sí aparece en Counterpart. La disyuntivas morales que alberga todo avance científico y la exploración de las vertientes de los mismos siempre es tema de singular interés. Parada obligatoria en todo trabajo de ciencia ficción que se precie.

¿Y en medio de todo el asunto? J.K. Simmons. No hay más preguntas, señoría.

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