“Voy surfeando Netflix, quiero ver algo nuevo, algo diferente, pero quiero que me haga reír y llorar, que me haga desconectar. Si fuera un caldo de fantasía, tacos y acción sería la leche. Estéticamente no pido mucho, pero teniendo en cuenta la ola del universo Marvel, si fuera tipo comic sacrificaría a mi Agaporni en agradecimiento, pero deben marcar la diferencia, deben hacerlo suyo…” Y te pasas buscando horas, pero así funcionan las plataformas como Netflix, el día que quieres encontrar este maravilloso formato que te divierte como si fueras un nene, no aparece. Y es que hay tanta oferta abarcando tantos países, que de repente te pierdes en un mar de posibilidades que acaban ahogando tu entusiasmo y te empujan hacia una reposición de un genero inesperado. En mi caso Girls.

Es el día menos pensado, ese día que piensas “Nah cualquier cosa me vale, no me quiero tirar 8 horas buscando” que en cosa de un minuto le das a un tráiler y hallas series como Happy!. En mi caso, cuando me pongo el trailer y me da buenas vibraciones,  jamás acabo de verlo, eso es buena señal. Solo quiero oler, así que me dejo tentar unos segundos y voy directa al primer capítulo donde se demuestran las promesas y se conceden los deseos. Una de mis tentaciones son los títulos en amarillos, es un estúpido gusto (Watchmen, Kill Bill…) Otra, los antihéroes pasadísimos con un atractivo espeluznante del tipo “ Fijo que huele mal mientras lo ruedan”. Si para finalizar la jugada le añades un unicornio hecho por CGI, que es la cosa más mona y pura del mundo, un ser que quieres abrazar hasta espachurrar, pues me tienes. Y es este contraste ,entre la pureza infantil y la suciedad más corrupta, el que te asegura descender a los infiernos entre algodones de agridulce Navidad.

Es la típica serie llena de actores con los que dirás “Me suena que te cagas, no sé de qué, pero me gustó…”. Secundarios de toda la vida u actores de series que, tras 400 temporadas en Ley y Orden, se comen la pantalla con la posibilidad de interpretar personajes tan extravagantes y gamberros. Mi definición iría por el camino de: es rara, gamberra y sorprendente. Como una casa llena de habitaciones diferentes. Encontraras rincones tiernos, otros llenos de sangre y  llegará  un momento en que no sabrás si las escaleras suben o bajan. Piérdete con las travesuras de Grant Morrison y Darik Robertson (creadores del cómic original)  porque, la promesa ahora la hago yo, es la serie que quieres encontrar cuando ninguna te convence.

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