Anoche soñé que volvía a Hawkins… No tengo demasiado claro si estaba dormido o mi cerebro se había quedado dramáticamente marcado por constantes visitas a la dimensión paralela, pero lo cierto es que allí estaban Eleven y compañía. La cuestión es que, de repente, todo se evaporó ante mis ojos. Eran los mismos lugares, los mismos personajes y el mismo espíritu, pero los recuerdos eran difusos…

Stranger Things 2

En el verano de 2016, millones de cinéfilos de todos los puntos del planeta caían presos del encanto de Stranger Things, La serie de los hermanos Duffer lograba despertar nuestra vena más nostálgica, rescatando la esencia de aquel encantador cine de los 80. La ficción de Netflix desprendía un agradable aroma a Los Goonies, E.T. o Regreso al Futuro. Cierto es que se configuraba como una única temporada autoconclusiva, pero el asombroso éxito provocaba que se diese luz verde a una continuación.

Stranger Things 2

“Al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, dice la canción. Razón no le falta, ya que la segunda temporada de Stranger Things nos hace dudar de lo apropiado del regreso a Hawkins. Bajo ningún concepto conviene menospreciar las incontables virtudes de la nueva tanda de episodios. Puede que sea reprochable la lentitud del arranque de la historia o el hecho de tener que esperar cuatro capítulos para disfrutar realmente, pero lo cierto es que la serie es una delicia. Desgraciadamente, ni rastro queda de aquella sensación de sentirse reconciliado con la vida que asaltaba tras la primera temporada. Algo se ha perdido por el camino. La serie es más adulta y madura, pero la inconmensurable originalidad de los primeros tiempos ya no está. Stranger Things se ha convertido en una serie “solamente” muy buena.

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