Violencia, guerra, flores, drogas, un estado que oprime, protestas, un anhelo de crecimiento y evolución hacia la paz. Los años 60 y 70 estuvieron  marcados por la guerra fría, la guerra de Vietnam, las protestas de Mayo del 68, desigualdad social, segregación racial;  por el movimiento Hippie. Y entre todo este embolado, surgió The Doors entre otros muchos para poner una voz universal a todos estos jóvenes que luchaban por sus derechos y sus deseos.

The Doors es un símbolo de rebeldía y psicodelia con una discografía brillante y única. Cuando estaban en el escenario y el Rey Lagarto gritaba eran capaces de fusionarse con el público y abrir las puertas de su percepción. Sus conciertos eran un ritual catártico. Fueron capaces de espiar en los corazones de los jóvenes. Les devolvieron esa voz que les habían robado y alteraron su cosmovisión de una manera irreversible.

The Doors en concierto

Jim Morrison fue un poeta que trataba de adentrarse en el universo y descifrarlo. Su mente y su cuerpo volaban para rozar los límites. Jim era para su público un chamán, alguien a quien seguir, adorar e imitar. Es cierto que él era el símbolo de The Doors, pero sin Ray, Robby y John, no habría conseguido llegar a ser la leyenda que hoy en día es. Ellos le mantuvieron todo lo estable que pudieron y que su persona permitía. Vivió burlando la fina línea que nos separa de los muertos. Arriesgó su existencia por saborear algo más, ya que todo le sabía a poco. Arrasó con todo lo que se encontraba a su paso, hasta que no pudo aferrarse a nada más, solo a ese vacío infinito.

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