Alguna que otra vez, a los seres humanos nos da por hacer cosas raras. De hecho, en la NASA son especialistas en este tipo de asuntos. La agencia espacial americana lleva décadas despuntando en su afán por conocer los confines del universo. Un inmenso terreno todavía desconocido y al que se le han ido dando pequeños bocados desde hace bastante tiempo.

En el año 1977, la NASA decidía enviar al espacio una especie de cápsula en la que se se recogían varios detalles útiles para entender la historia de la humanidad y en la que se contenían saludos en un sinfín de idiomas, sonidos propios de la Tierra, unas cuantas imágenes y, por supuesto, un disco lleno de canciones.

En el llamado The Golden Voyager Record se encontraban hasta 26 piezas de distintos países. Mozart, Bach, Bethoven o músicas populares se alternaban en un disco en el que no faltaban dos auténticos temazos: El Johnny B. Good de Chuck Berry y el Melancholy Blues de Louis Amstrong. Sin lugar a dudas, unas piezas gloriosas y con las que a bien seguro nos habríamos ganado la simpatía de razas alienígenas. Eso sí, de momento han pasado más de 40 años y todavía no tenemos feedback.

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