Una boda real siempre trae ajetreo. Han pasado cuatro días de la última y aún hablamos de ella. Corriendito todo el mundo al kiosko para comprar el Hola. Por suerte, no estamos en el siglo XVIII. Ahora hay sorpresas en la elección del cónyuge. Ya nada de matrimonios concertados con primos (menos mal). Ahora entran en juego hasta gente de la farándula. Aquí es dónde empieza el salseo.

Los británicos sienten auténtica devoción por su monarquía. Isabel II, indestronable, ha vivido bodas y divorcios de todos sus predecesores. Este sábado pasado le tocó el turno al príncipe Harry. Inesperadamente, el guapo de los dos hermanos. Porque hay que decirlo, Guillermo está envejeciendo fatal. Tú que te forraste carpetas en el instituto con él, ahora reniegas. Harry le ha adelantado por la derecha. Ahora no deseamos ser Kate Middleton, deseamos ser Meghan Markle. Haber vivido lo que te ha dado la gana y boom! encontrar un príncipe azul. Vivir como una reina sin tener la responsabilidad de dirigir un país. Nunca una medalla de plata ha sabido mejor.

Lo más esperado de la boda: el vestido de la novia. Pues la espera no ha merecido la pena. Porque era más soso que el propio Carlos de Inglaterra. Tan soso que era digno de una infanta borbón. Tanto tanto que es clavadito al que llevó la infanta Cristina en su boda. Eran los 90 y entonces sí era un vestido digno de admirar.

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El parecido entre vestidos es más que obvio | LASEXTA

Claro que con esa tiara y ese velo qué más da. El vestido no lo es todo. La tiara guardada 60 años esperando este momento. El velo bordado con una flor de cada país de la Commonwealth. En los detalles está la diferencia. Pero lo mejor de todo: su cara. Meghan estaba bellísima, un maquillaje muy natural elevaba su belleza mestiza. Lo cuál no pasó por alto Harry que nos dio la mejor escena de toda la boda. Esa en la que todos hacemos ¡ays! y se nos enternece el corazón. Volvimos a confiar en el amor:

La Familia Real estupenda. Isabel II fiel a su traje a juego con el sombrero en un verde lima. Así estridente como le gusta a ella. No vaya a ser que escoja un color de moda. La gente se ha derretido con los niños y las lágrimas de felicidad de la madre de Meghan. Como para no. Kate Middleton ha repetido vestido por cuarta vez. Supuestamente para estar en segundo plano y dejar la importancia a la novia. Aunque el efecto ha sido el contrario porque todo el mundo ha comentado su look.

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La Familia Real a la entrada de la capilla

Podríamos hablar largo y tendido de los invitados. En verdad, era una boda como otra cualquiera. Teníamos a la familia, primos que te obligan tus padres a invitar hasta compañeros de trabajo. Por suerte, se ha reducido el número de invitados por compromiso que suele haber en otras bodas reales. En este caso, había más celebrities americanas. Dónde cabe destacar a las compañeras de serie de Meghan Markle. Que si no te has enterado aún, era actriz en la serie Suits. Se vinieron arribísima y llegaron de lo más orgullosas. Cosa normal teniendo en cuenta que en EEUU no iban a poder asistir a ninguna boda real.

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Pero para invitados: los Beckham. Victoria guapísima con un diseño de su propia firma. Aún estamos buscando las palabras para describir a David. No sabemos cuando hizo un pacto con el diablo. Pero cada año está mejor. Seguramente les sigas por Instagram y habrás querido mil veces que te adopten en su familia. No te preocupes, no estás solo.

La boda estuvo cargada de detalles. Las flores del ramo las escogió el propio Harry de su jardín. Megan entró ella sola en la Iglesia sin necesidad de ser acompañada por nadie. Hay quiénes ven en esto un acto feminista. Otros que simplemente el padre no asistió. I want to dance with somebody, de Whitney Houston, fue la canción escogida por los recién casados para iniciar el baile. Está claro que la boda se pensó al milímetro.

La decoración de la Capilla de San Jorge es digna de una entrada secreta a Narnia. Impresionante el trabajo floral de cuento de hadas no apto para alérgicos. Además, decidieron donar las flores a varios hospicios de mujeres británicos. Ya os decimos, no han dado puntada sin hilo.

De la fiesta post-boda, se dice que jugaron al beer-pong y que George Clooney no paró de bailar. Que hasta el príncipe William broméo con su calvicie. Esto si que era digno de retrasmitir y no la misa de la boda. Que son todas iguales. Megan se cambió de vestido para la fiesta. Aquí si que nos quitamos el sombrero. Un precioso vestido blanco con cuello halter firmado por Stella McCartney.

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+1 para Stella | GETTY IMAGES

Entre toda esta felicidad, no se nos olvida Diana. Su ausencia ha pesado entre todos los que hemos contemplado este enlace real. El cariño que aún se la tiene es sorprendente. Nos gusta creer que el asiento libre al lado del príncipe William es por ella.

royal weddingCon algo azul, también la novia recordó a Diana. En la foto siguiente, podéis ver el fastuoso anillo que lució la princesa en su día y que hoy luice Meghan.

royal weddingComo colofón de tanta boda, os dejamos unos buenos memes que nunca hacen mal a nadie. ¡Qué vivan los novios!

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