¿Y si Shakespeare en realidad nunca existió? Quizás esa pregunta les parezca una auténtica locura pero detrás hay grandes verdades, grandes mentiras, un poco de leyenda y bastante de invención. Pongámonos en antecedentes.

El conocido como «bardo inmortal de Stradtford Upon Avon» William Shakespeare nació en esa misma localidad el 26 de abril de 1564. Fue actor, dramaturgo y poeta y, según la Enciclopedia Británica (qué casualidad) es el creador literario más conocido, reconocido y representado del mundo, ahí es nada. Fallece el 23 de abril de 1616 al poco de cumplir 52 años ( por cierto, mismo año en el que fallece el más ilustre de los escritores en letras castellanas, Don Miguel de Cervantes).

Entre ambas fechas señaladas, nacimiento y defunción existen grandes lagunas y grandes hazañas. Comencemos por lo segundo: Shakespeare es el creador de obras magnas como Hamlet, Romeo y Julieta, Otelo o  El Rey Lear. El contenido trágico de estas obras ha influido y marcado toda la literatura posterior, influenciando no solo a la Literatura sino igualmente a las otras artes expresivas.

Ahora, como en el teatro, se disponen las sombras. En las obras citadas, las numerosas referencias culturales han de remitir a un autor de gran cultura. En el caso de Shakespeare, parece probable que no cursó estudios universitarios y que, probablemente no viajó fuera de las fronteras inglesas. ¿Cómo entonces pudo hacer acopio de esas enormes referencias culturales?

Teatro Globe en Londres
Teatro Globe en Londres

Otra de las curiosidades sobre el inmortal escritor es que no dejó manuscrito alguno de sus obras (algo que tampoco era muy extraño en la época). Pero, para complicar aún más el asunto, las escasas referencias manuscritas que se confirman no son otra cosa que su propia rúbrica. Curiosamente, todas ellas aparecen con una letra irregular y deforme que parece alejarse de la figura de un docto escritor.

Las dudas y teorías sobre la autoría real o no de las obras shakesperianas ha puesto en marcha una lista de hasta 80 candidatos posibles, algunas con una solidez relativa (aquellas que mencionan a Bacon o Marlowe) y otras bien preregrinas (la mismísima Isabel I de Inglaterra). En fin, una curiosa controversia. ¿Será o no será?

 

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