Hay muchos críticos literarios que opinan que los mejores poemas de amor son los escritos por los místicos, Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. ¡Paradojas de la vida!

Ellos se esforzaron por expresar sus relaciones con Dios y consideraron que el mejor modo de hacerlo era la poesía. La poesía amorosa renacentista, de la que eran grandes conocedores, les daba muchos recursos para explicar una experiencia espiritual que, por definición, era inefable. ¿Cómo contar lo que no se puede manifestar con palabras? Pues recurriendo a la  exquisita literatura amatoria de autores como Garcilaso de la Vega. Con ese modelo y otros, además de su inmenso talento, nuestros dos grandes místicos escribieron algunos de los mejores poemas eróticos de todos los tiempos.

Uno  de San Juan de la Cruz ha sido considerado durante varios siglos el mejor poema amoroso en castellano. Este santo conocía muy bien el amor, aunque fuera «a lo divino» como él decía. Es el que  tituló

Llama de amor viva:

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que está oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno
cuán delicadamente me enamoras!

La verdad es que da igual a quien se lo haya dedicado. ¡Es sublime!

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