Haruki Murakami es el escritor japonés más leído en España o más conocido. No vamos a entrar en disquisiciones sobre el número de lectores en España.

La segunda parte de su última novela, La muerte del Comendador, se ha publicado en enero de este año y enseguida alcanzó el sexto puesto en la lista de los libros más vendidos. Se ve que tiene un público fiel. Y eso que repite sus tópicos de siempre: el «yo» solitario, el pozo misterioso en el que suceden fenómenos fantásticos, una desaparición inexplicable, sueños que parecen realidad, realidad onírica…y cierta intriga que mantiene al lector interesado.

Pero hay otro Murakami, menos conocido, con un universo literario muy diferente del de Haruki. Se trata de Ryu Murakami, un japonés raro porque sus novelas parecen más bien escritas por un americano. Quizás uno de la Generación Beat. La abundancia de drogas y sexo en sus novelas, en concreto en una de las más famosas Azul casi transparente (1976), nos recuerda los viajes locos de Jack Kerouac por todo lo largo y ancho de Estados Unidos bien adobado de drogas, alcohol y amigos rarísimos, tan colgados como él mismo. En el caso de Ryu Murakami, no hay viajes en sentido literal, sólo «viajes» con «sustancias».

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Ryu Murakami | Fuente

La trama de la novela es muy simple, un grupo de jóvenes veinteañeros japoneses en los años 70 vive al lado de una base militar norteamericana y participan en  orgías para los  soldados norteamericanos, organizadas por un piloto afroamericano de la base. La historia está narrada en primera persona por un joven llamado Ryu.

Resulta agotador el número de encuentros sexuales, «colocones»  con sus resacas y «bajones» posteriores que se narran, teniendo en cuenta que son apenas 140 páginas. A muchos lectores les han resultado desagradables porque las descripciones son muy explícitas. Pero hay que reconocer que Ryu Murakami hace un trabajo brillante desde el punto de vista literario. No es fácil moverse en ese terreno farragoso de drogas, sexo y violencia. Sin embargo el autor acierta con una gran contención verbal, sin alargar las exposiciones ni las imágenes, huyendo del exceso de retórica y logrando una prosa limpia, afilada y precisa. Con un tono despegado y ausente  dibuja a la perfección a unos personajes incapaces de sentir no sólo física sino sensorial y emocionalmente. El conjunto es desolador y perturbador. ¿Por qué hacen todas esas barbaridades? No hay respuesta ni explicación, no se juzga, pasa y ya está.  Se puede aplicar ese baremo sociológico del choque de culturas, el Japón inadaptado a su contacto con occidente, el Japón derrotado, jóvenes sin futuro ni esperanza…Pero a lo mejor hay algo más profundo y existencial. A veces el  narrador recuerda al personaje de El extranjero de Camus, ese cuyo comportamiento extremo no parece tampoco tener explicación.

Ryu Murakami
Ryu Murakami | Fuente

Incluir esta pequeña novela en una larga tradición de desesperados, marginados y asociales quizá explique mejor sus características, desde Burroughs y su Almuerzo desnudo a Bukowski y  La máquina de follar, con un poco de Trainspotting, aunque esta última se escribiera diecisiete años después. Hay una extensa lista de escritores malditos, incómodos y desagradables muchas veces que deambulan por la historia de la literatura, a lo largo de los siglos, y nos hablan de la vida desde otros puntos de vista, con otras experiencias y otros planteamientos éticos, o más bien sin planteamientos éticos. Están ahí, desde el Marqués de Sade y antes. A lo mejor no son para todos los lectores pero los abismos a los que se asoman también forman parte de la biografía humana.

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