Se ha hablado hasta la saciedad de la relación  entre Romanticismo y rebeldía. No se concibe el uno sin la otra.

Pero rebeldía ¿contra qué? ¿contra la sociedad?. Desde luego, el romántico es un ser  inseguro y angustiado en un mundo que cambia de forma acelerada y que ve como desaparecen los valores, antes indiscutibles. Bueno, eso nos suena mucho: despersonalización del individuo en una nueva sociedad industrial, materialismo salvaje, angustia existencial… A lo mejor, por eso están tan vivos y próximos a nosotros los escritores románticos.

Romanticismo en el arte
Caminante sobre el mar de nubes | Caspar David Friedrich

En España tenemos un poeta que cumple los tópicos  románticos, José de Espronceda. Reúne todos los requisitos vitales: rebelde, impetuoso, exaltado, turbulento, liberal, buscador de problemas allá dónde fuera, un Lord Byron a la española. Sus poemas líricos breves guardan  similitud con los del gran romántico inglés. «Canción del pirata» «El verdugo«, «El reo de muerte«, «El canto del cosaco«, «El mendigo«.

Su obra y su vida se confunden en una vorágine de amor, literatura, viajes, política, conspiraciones, huidas. A una velocidad de vértigo en una sociedad, la del siglo XIX, todavía lenta. Todo en él es prototípico de esa nueva era que marcó el Romanticismo en Europa. Hasta su muerte prematura a los 34 años, como sucedió con casi todos los  románticos míticos.

Muchos de sus más famosos poemas nos resultan familiares porque parecen  escritos por algún rockero, como himnos de libertad y de denuncia social en pro de los desfavorecidos y contra las injusticias, lanzados vagamente al viento. Aunque, en realidad, la mayor parte de los escritores románticos, Espronceda incluido, pertenecían a clases sociales acomodadas. Sin embargo, todavía nos  conmueven los versos cuando  apelan a esas ansias de no se sabe qué: de libertad, de un mundo mejor, de «ojalá todos fuéramos iguales» y tópicos por el estilo, que estos románticos soñadores supieron muy bien expresar. Muchos de ellos son, además, a su manera, extraordinariamente modernos. Algunos ejemplos de Espronceda:

-Reivindicación libertaria, la del estribillo de  «Canción del pirata»:
«Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad.
Mi ley la fuerza y el viento,
mi única patria la mar.»

-Los marginados de la sociedad en «El mendigo»:
«Mío es el mundo: como el aire libre
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios»

-Sexo en «Desesperación» (sí, este está atribuido…blablablá):
«Me agradan las queridas
tendidas en los lechos
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,»

-Ritmo rockero de «Canción del pirata»:
«Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo
sacudí.»

-Las revoluciones, la política para cambiar el mundo, aunque al final  acabara en  decepción en  «El canto del cosaco»:
«Desgarraremos la vencida Europa,
cual tigres que devoran su ración;
en sangre empaparemos nuestra ropa
cual rojo manto de imperial señor»

-O contra la pena de muerte en «El verdugo»:
«¿Quién al hombre del hombre hizo juez?»

Lo dicho, rock&roll y sexo.

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