Me refiero al primer cuento en la Literatura “oficial”, titulado El Vampiro, porque el personaje  chupador de sangre con poderes especiales pertenece a una larga tradición folklórica  centroeuropea.

Villa Diodati, Suiza, 1816. Lugar mágico y fecha imprescindible para la literatura de terror. Allí nació  Frankenstein, como recordarás cuando te lo contamos aquí.

Entre los compañeros de Lord Byron refugiados en la Villa se encontraba, (además de Mary Shelley y su esposo Percy), el médico del Lord, Polidori, que le acompañaba en su viaje europeo. La relación entre ambos era, cuando menos, conflictiva.  Amor-odio por parte del doctor, enamorado de Byron, y al que intentaba emular.  Polidori participó en el reto de Byron: escribir la historia de terror más espeluznante posible.

Como buenos románticos, que eran los miembros de este grupo, recogían historias orales antiguas, de cualquier parte; hechos exóticos, legendarios, milenarios. Tradiciones que habían permanecido en la memoria colectiva de los pueblos. Cuanto más irreales y extraordinarias fueran las leyendas, mejor. Así llegó al grupo la fábula del vampiro. Basada, o no, en un personaje real, eso da igual. Lo importante es que encarna la búsqueda de una quimera  que se repite en muchas culturas: la inmortalidad. Además, el monstruo reunía toda una serie de poderes mentales extraordinarios: fascinar, embrujar, atraer a cualquier persona para anular su voluntad y destruirla.

En el cuento del vampiro se enfrentan dos personaje, el joven Aubrey (trasunto del propio Polidori), honorable y bueno, y Lord Ruthven, de oscuro origen y peores acciones, que se revelará paulatinamente como el terrible monstruo sangriento. La eterna lucha entre el Bien y el Mal.

Sin duda, el vampiro que imaginó Polidori estaba inspirado también en el propio Lord Byron, en la fascinación y el magnetismo que ejercía sobre muchos de los que le rodeaban para despreciarlos cuando se cansaba de ellos.Un vampiro psicológico que chupaba la energía de su entorno. Esa parece que fue la experiencia de Polidori en sus relaciones con el poeta.

En todo caso, la historia de Polidori va dibujando al personaje, crea la figura mítica copiada posteriormente hasta la saciedad. Poco a poco, va creciendo en intriga hasta que alcanza al final grandes dosis de terror mientras va destruyendo a todos los que se le ponen por delante. Es el Mal puro, imposible de destruir debido a sus poderes sobrenaturales.

El final del cuento nos deja una impresión amarga, malestar casi físico, desasosiego e inquietud. Será por el contacto directo con la maldad absoluta.

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