Luis Mateo Díez es un escritor raro en las letras ibéricas. Ha ido haciendo su obra sin preocuparse de modas o ventas porque no vivir de la Literatura tiene sus ventajas.

Pertenece al grupo de escritores leoneses, que no es un grupo constituido como tal en sí mismo, pero cuyos miembros, Josefina Aldecoa, Julio Llamazares, José Mª Merino (hijo adoptivo de León) Andrés Trapiello, entre otros, guardan similitudes pintorescas.  Destacan  por su capacidad para la fabulación que proviene, probablemente, de  la remota tradición oral que en León se ha mantenido de manera notable formando parte de eso que los cursis llaman “acervo cultural”. Muchos comparten imaginación cercana al realismo mágico y una prosa excepcional, riquísima, clásica y llena de matices.

Luis Mateo Díez. La Ruina del Cielo.
Luis Mateo Díez, escritor de La Ruina del Cielo. | Fuente: Zenda Libros

Ese es el caso de Luis Mateo Díez. De entre todas sus originales novelas, hemos escogido  La ruina del cielo. Es fascinante por lo insólito de su planteamiento y desarrollo, una especie de obituario, en el que, a lo largo de 68 breves capítulos, hablan los habitantes del cementerio de Celama, los muertos cuentan su historia. A través del médico del pueblo, Ismael Cuende, se deja constancia de  existencias anónimas y desaparecidas que solo recuperan su eternidad por medio de la palabra. Todas esas vidas y muertes responden, en realidad, a un destino común: la liquidación irremediable de las culturas rurales y de los modos de vida que representaban. Son voces pertenecientes a las primeras décadas del siglo XX melancólicas y nostálgicas que dan fe de un territorio simbólico en el que la vida es más auténtica porque está libre de artificios pero que terminó definitivamente arrinconada y aniquilada al fin del milenio.

Celama es un territorio inventado por el autor, plagado de topónimos estrambóticos y que, según Mateo Díez, responde a su propia experiencia de lo rural y al mismo tiempo sirve para reivindicar una relación más auténtica con las cosas y las gentes. Es un pequeño territorio desnudo en el que destaca lo primordial, la vida interior y los sentimientos profundos de los personajes. Además recoge una larga tradición de exaltación de la épica de la supervivencia. Como argucia literaria utiliza el procedimiento del manuscrito encontrado que nos remite, nada menos, que al propio Don Quijote. Los muertos que cobran vida son otra tradición presente en esta novela, que evoca a Pedro Páramo de Juan Rulfo, con toda su colección de zombies que ya quisiera para sí The walking dead.

La Ruina del Cielo de Luis Mateo Díez
La Ruina del Cielo de Luis Mateo Díez | Fuente: Amazon

La imaginación y el recuerdo, la realidad y la ficción, los diálogos y las reflexiones filosóficas, los procedimientos técnicos más dispares, todo tiene cabida en esta pequeña obra maestra, salpicada, por si fuera poco, de un brillante y espectacular humor negro que divierte y sorprende al lector. Como protagonistas, un montón de personajes divertidos, disparatados, visionarios, condenados a perder irremediablemente. Pero, al final, la bondad y la pasión de sus vidas se impone a la injusticia y a la propia muerte. Este libro conmueve el corazón del lector, provoca una sonrisa , a veces, una sensación de melancolía por todo lo que se ha perdido y ya no se recuperará, aunque para eso queda esta preciosa memoria en forma de novela que es La ruina del cielo.

¿Quién sabe? A lo mejor volvemos a recuperar esta existencia primaria y auténtica, en contacto con lo natural, ahora que todos los modernos del mundo se quieren ir a vivir a pueblos apartados y deshabitados. A lo mejor damos una nueva oportunidad al territorio maravilloso de Celama. ¡No caerá esa breva!

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