Parece que la poesía está de moda, si es que alguna vez dejó de estarlo.

Que se lo digan, si no, a todos esos escritores que se han dado a conocer en las redes sociales y que ven como sus recitales se llenan de público y sus libros se venden como rosquillas. Marwan o Irene X, por citar solo a dos de ellos. En muchas ocasiones, escriben sobre el amor, el gran tema de la poesía de siempre.

Probablemente, algunos de estos “poetas” actuales han leído a Pedro Salinas (y, si no, deberían leerlo), uno de los  maestros de la Generación del 27 que mejor ha expresado el tema amoroso. Su obra La voz a ti debida, es un verdadero tratado sobre el amor, el poeta era un experto.  Cantautores y poetas a lo largo del siglo XX se inspiraron en Salinas. Por ejemplo, la canción Anda de Luis Eduardo Aute o el poema  de Agustín García Calvo Libre te quiero recuerdan sospechosamente a una de las composiciones más conocidas del libro citado. Ahí va, un poema de amor, posiblemente de los mejores escritos en lengua castellana, hermoso por su sencillez.

Para vivir no quiero

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.

Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.

Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
“Yo te quiero, soy yo”.

Hasta encontramos resonancias en el propio Marwan, el bardo actual más famoso. No obstante, ya lo dijo nuestra inefable Paula Echevarría: “Es como comparar a Dios con un gitano” y todo el mundo se le echó encima. Pues eso.

En todo caso, en el poema Dos cuerpos de Marwan rastreamos versos que nos recuerdan los de Salinas, al menos su espíritu. “Vivir en los pronombres”, dice Salinas.

“Nuestros cuerpos libres flotando en el ahora,
perdiendo hasta el nombre,
esos que tú y yo somos despojados de nosotros
mismos”
(…)
“de tu cuerpo ajeno a ti
y mi cuerpo ajeno a mí,
juntos.”

Es un halago para Marwan, que conste.

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