Paul Bowles estuvo de moda hace unos años. La película El cielo protector, que Bertolucci filmó en 1990, basada en la novela de Bowles del mismo título, contribuyó a esa moda un tanto efímera.

Paul Bowles es uno de los muchos  escritores singulares de la Norteamérica del siglo XX. A medida que Estados Unidos se va convirtiendo en la gran potencia económica del mundo, aumenta exponencialmente el número de sus escritores. Una tras otra se suceden varias generaciones de excelentes autores, desde la “Generación perdida” a los “Beats” o el “Realismo sucio” por citar sólo  tres de ellas. Por tanto, la lista es larga con nombres famosos como Hemingway y Faulkner, ambos premios Nobel. Otros muy diferentes como  Kerouac o Carver, quizá no tan famosos, y, en todo caso, un repertorio copioso de  brillantes artistas.

Paul Bowles en El Cielo Protector de Marruecos
Paul Bowles bajo El Cielo Protector de Marruecos

Aunque convivió con los más célebres, Paul Bowles es de los que no han llegado al gran público a pesar de su larga vida desde 1910 a 1999. Viajero incansable, también frecuentó los círculos artísticos europeos en el París de 1931 donde conoció a Gertrude Stein, la célebre coleccionista de arte y mecenas norteamericana, y alternó con los creadores del momento, por ejemplo, Cocteau o Gide.

Era un  gran aficionado a la música, disciplina artística a la que primero se dedicó, y hasta llegó a componer una ópera que dirigió el mismísimo Leonard Berstein. En 1938 se casó con la escritora Jane Auer y, bajo su influjo, volvió a dedicarse a las letras que ya había cultivado durante su infancia y adolescencia en forma de cuentos y poemas.

En la siguiente década siguió escribiendo ficción y viajando por todo el mundo: Centroamérica, India, Tailandia, Ceilán, el Norte de África…Hacia 1948 fijó su residencia en Marruecos donde transcurren buena parte de sus mejores narraciones. Su historia es en el fondo la de otros muchos artistas del siglo XX: viajes incansables para huir de no sé sabe qué porque en realidad da lo mismo huir a lo  largo de Estados Unidos, como hacía Kerouac en su libro  En la carretera, o a lo largo de la tierra. También comparten el inconformismo, la sensación de vacío existencial, la dificultad para sobrellevar la crueldad del mundo, y una atracción morbosa por la autodestrucción.

Paul Bowles en El Cielo Protector de Marruecos
Paul Bowles en El Cielo Protector de Marruecos | Casa del libro

Su novela más famosa El cielo protector trata de todo eso. Una pareja de neoyorquinos aburridos y refinados, Port y Kit Moresby,  viajan al desierto norteafricano con su amigo Tunner. Esperan ser viajeros auténticos, no turistas, proporcionar algún aliciente a su debilitado matrimonio, vivir experiencias auténticas, buscar el sentido de la vida, para lo que se adentran en una cultura que les es totalmente ajena y que se desarrolla en un entorno natural hostil. Todo ese mundo salvaje y desconocido que les rodea los va engullendo. El paisaje colosal del desierto, magistralmente descrito, los conduce hasta sus límites mentales, hundiéndolos en un sentimiento de soledad e insignificancia. Pero cuando quieren dar marcha atrás ya no es posible. No pueden volver a la civilización, no saben cómo hacerlo. “El cielo aquí es muy extraño. A veces cuando lo miro- dice el marido a la esposa- tengo la sensación de que es algo sólido, allá arriba, que nos protege de lo que hay detrás”. Y ante la pregunta de la mujer de lo que ha de encontrarse al descorrer las cortinas celestes, responde: “Nada. Solamente oscuridad. La noche absoluta.”

Bowles tiene una gran facilidad para que el lector se sienta inmerso en esos paisajes desolados y terribles. Posee la capacidad de apresar atmósferas: el aura de los lugares y de sus habitantes. No en vano fue colaborador habitual en numerosas publicaciones de viajes.

La trama de la novela suena, a veces, disparatada y marciana. Sucesos que parecen surrealistas, alucinaciones… por lo que es difícil distinguir la realidad. Resulta complicado deslindar el sueño de la realidad, sobre todo en la parte final de la novela.

Pero ese “extrañamiento” es lo que otorga a Bowles, tanto en esta novela como en los cuentos, su encanto, atractivo y originalidad, que, en honor a la verdad, algunos encuentran insoportable.

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