El 25 de junio se cumplieron cuatro años de la muerte de Ana Mª Matute. Como homenaje se publica una edición, con dibujos de la autora, de su obra maestra Olvidado rey Gudú que apareció en 1996. Ana Mª Matute guardó 20 años esta novela, que consideraba una especie de testamento y su mejor obra. Retrasó su publicación porque tenía miedo de morir después de su aparición. Superstición de escritora, como si después de su obra maestra ya no tuviera nada que decir.

Olvidado rey Gudú es una rareza en la literatura española, tan poco dada a abandonar el realismo. Es una joya. Es mucho más que una obra de literatura fantástica porque su prosa magistral la eleva por encima de su portentosa imaginación, incluso.

El libro se abre con un mapa del Reino de Olar en el que aparece todo un mundo de castillos, ciudades, lagos, cataratas, ríos, con nombres mágicos de resonancias medievales no exentas de humor, como el monasterio de los Abundios. Hay un “Fin del mundo”, un reino de occidente “El olvido”, el “Pasillo de nadie”, el “País de los desdichados”, y alguna isla misteriosa, entre otros variados y pintorescos lugares. El libro se cierra con el árbol genealógico del Conde Olar que inicia la saga protagonista del libro. El desarrollo de la historia es la expansión del Reino a través de  intrigas, guerras, traiciones, muertes, una verdadera epopeya llena de  personajes reales y fabulosos.

Olvidado rey Gudú se publicó el mismo año en el que apareció Juego de tronos, la primera entrega de la celebérrima serie Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin que, según confesión propia, comenzó a escribir en 1993. Las similitudes entre ambos libros ya se han señalado aunque es improbable que ambos autores se conocieran. En todo caso Ana Mª Matute empezó mucho antes a escribir esta historia fantástica en la que crea un mundo extraordinario, legendario, situado en una edad que nos recuerda al medievo. La magia y los seres mitológicos, trasgos, brujas, duendes, hechiceros, se mezclan con la vida de los hombres porque, según dijo en alguna ocasión la autora, en la Edad Media creían en estas criaturas fabulosas y, por tanto, existían.

La novela va combinando realidad y leyenda porque, aunque esté situada en ese pasado mágico, las inquietudes, deseos y luchas de sus personajes son las que ha librado el ser humano eternamente.

Innumerables aventuras, excelente ambientación en un mundo donde el norte  misterioso, el este estepario y el sur rico y exuberante limitan la expansión del reino de Olar, ¿nos suena? Y de fondo una metáfora del poder, de la codicia, de la crueldad humanas, del lugar lleno de canallas y de maldad que es la tierra. Debajo de todas las fantasías maravillosas que despliega la obra para  atrapar al lector, se esconde, sin duda, una visión pesimista del alma humana.

Una última mención al personaje que da nombre al libro, el rey Gudú, un villano o antihéroe, como lo queramos llamar, interesante. Le extirparon la capacidad de amar, como forma rotunda y definitiva de asegurarle la corona y el esplendor del Reino. A veces, da un poco de lástima, pero ¡nos resulta tan familiar!

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