Cuántas veces pasamos frente a lujosas casas y pensamos: aquí no hay problemas. Me refiero a las de muros altos que nos dejan escuchar el chapoteo de sus piscinas individuales, o con rejas a través de las que ver bastos jardines adornados con colores florales y árboles frutales. En mi mente parecen siempre deshabitadas, sin nadie paseando por el jardín del Edén y destrozándolo con sus pezuñas. ¿Será que sin querer lo asocio con la soledad? Y luego gruñimos “Si yo tuviera esa casa la disfrutaría mucho más ¡Ay, que asco de vida!”. Y volvemos a nuestras pequeñas casas donde pared con pared tenemos a la gente cercana “cerca”, no dos pisos más arriba. Donde podemos oír si les ocurre algo y cruzarnos con ellos habitualmente para sentir como están, no  hay más narices.

Ante casas de ensueño no nos planteamos vidas de pesadilla. Es más, no plantearnos esto, fortalece la pesadilla. Pero qué pasa si el paraíso no es más que la perfecta tapadera de un infierno. La libertad de un castillo puede ser la ilusión óptica que esconda una cárcel. Se hace carne el “Puedes correr pero no esconderte” y a nuestro personaje principal le encantan las Maratones con barra libre. Así que sin más dilación ni redicha introducción, os presento a “Patrick Melrose” una serie llevada a cabo con actores de lujo en un mundo de lujoso sufrimiento.

El tráiler te presenta una vida devastada, pero al mismo tiempo lo suaviza con humor negro. Así que te animas. Y una vez empiezas, la calidad te engancha inevitablemente. Aunque poco queda del prometido y abundante humor negro del trailer. En pocas palabras: un decadente aristócrata inglés  combate el dolor del pasado armado con todo tipo de drogas. Esto pretende anestesiarlo de una infancia traumática ocasionada por la peor dictadura paterna que los tiene sometidos a él y a su madre, de quien toma el ejemplo del abuso de sustancias en la edad adulta.

Este triángulo formado por Benedict CumberbatchJennifer Jason Leigh y Hugo Weaving es  equilátero y de proporciones divinas. Esto ocurre cuando le das un buen guion, basado en una buena novela a actores llenos de experiencia y herramientas. Actores dispuestos a cavar hasta el fondo del asunto, encontrar la tumba y el cadáver,  y dormir ahí el tiempo que haga falta. Para hacer eso la novela y la información de la misma es oro ya que los huecos se rellenan solos. Echarle imaginación siempre es enriquecedor pero leer una novela, disfrutarla e interpretarla es un viaje del que ya no se regresa de la misma manera. Benedict lo sabe bien, algunos pueden pensar que hay algo de Sherlock . En cuyo caso disfrutaran las reminiscencias. Ya os digo que si esto ocurre la culpa es de una verborrea galopante, adicciones varias, el “Savoir faire” con el que ha nacido este hombre y el sarcasmo deliciosamente británico que empapa la pantalla en sus monólogos.

Edward Berger sabe que los pilares de su historia son sus actores, así que construye en base a lo mejor que puede contratar y no los mas populares en Instagram. Me recuerda a una tragedia clásica donde el error trágico es el dedo que tira la ficha de domino. Un proceso que se repite siempre porque es parte de la naturaleza humana. También Shakespeare escribe sobre núcleos familiares con una célula enferma de algún pecado capital, que dotados de las más altas posiciones devastan el futuro del resto y lo contagian de muerte.  ¿Por qué? ¿Son acaso influencias como estas las que han inspirado al escritor de la trilogía Edward St. Aubyn? O es que las historias que el propio autor plasma tan bien, son inevitablemente parte de su vida. La verdad es la madre del arte así que si tienes algo que contar, algo que te arde por dentro como esa magia llena de rabia con la que Voldemort hacia arder el armario de su habitación, déjalo salir, arregla la puerta del armario que cruje en vez de quemarla. No dejes que te destruya. Encontraras alivio y respuestas si haces arte con ello.

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