Está claro que la Picaresca  literaria no morirá nunca en España, la otra tampoco. A ambas las llevamos en la sangre.

Aunque hay muchas discusiones eruditas en torno a si la picaresca es o no un tipo específico de narración española, creo que existe toda una larga lista de personajes, en libros muy diversos, que pueden encuadrarse bajo este epígrafe. Unos tienen intención social, otros, tal vez moral.

La vida negociable, última novela de Luis Landero, sigue esa larga estela. Hugo Bayo, su protagonista, parece en algunos aspectos  la reencarnación de otro pícaro genial, don Pablos el Buscón de Quevedo. Al menos en cuanto a los intentos de superar su condición. El afán de ascenso social es una característica de todos los pícaros pero siempre  constituye un fracaso inevitable. Intentan imponerse mediante todo tipo de trampas y mentiras que se les vuelven  en contra  degradándolos cada vez más. Al final su vida se convierte en una maraña que solo les deja una opción: la huida.

Al igual que su antecesor, don Pablos, Hugo sueña con hacerse granjero, hombre de negocios, actor, aventurero, pero la realidad se impone y nuestro antihéroe va cayendo por una pendiente cada vez más envilecida, cuando no decididamente ilegal. Cínico, amoral, farsante, tramposo busca su lugar en un mundo extraño y cruel, pero también lleno de cosas hermosas que no alcanzará. Como buen pícaro de novela siempre está dispuesto a fantasear con la riqueza y el reconocimiento social que nunca consigue. Sueños. La vida es negociable pero no suele dejar que lo hagamos.

Hugo, no obstante, espera su gran momento: «A lo mejor la vida, o al menos la mía, consiste solo en eso, ir de camino a lo que salga». Más sueños. Como la finca rural del final de la novela que tampoco conseguirá.

Todos los elementos aparecen perfectamente engarzados con gran maestría en la novela. Luis Landero maneja la trama con un lenguaje prodigioso, sencillo en apariencia, pero elaboradísimo, lleno de matices, de ironía, de sorpresas, incorporando el registro oral con una facilidad pasmosa. A veces semeja un  drama, otras, una comedia o una farsa. El autor juega también con varios subgéneros de novela, folletín, psicológica, de aprendizaje e incluso, policiaca. Desconcierta  al lector: ¿Qué será lo próximo que  ocurra?  La enésima huida sin saber hacia dónde, pero con escasas perspectivas de mejora.

Le pasó lo mismo  a  su ilustre precedente, el Buscón don Pablos. Al final quiere marchar a las Indias, a ver si cambiando mundo y tierra mejora su suerte: «Y fueme peor» (…) «pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar, y no de vida y costumbres».

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