Resulta agotador comprobar como la corrección política se ceba con el idioma. A veces, hasta parece que el lenguaje y su guardián, la Academia, son los causantes de todas las discriminaciones que se producen contra las mujeres.

Aclaremos algunas ideas.

1.El lenguaje no es machista, lo es el uso que hacen de él algunas personas machistas.

2.La gramática, una ciencia, que se ocupa de la forma, la función de las palabras y las reglas para combinarlas, se ha ido configurando a lo largo del tiempo hasta fijar sus normas. Describe el idioma, explica su funcionamiento, organiza los discursos. No se puede cambiar aleatoriamente porque no nos entenderíamos.

Igual que no podemos cambiar a nuestro gusto el nombre de las cosas porque cada palabra está asociada en nuestra mente a un concepto, a una imagen mental fija. Manejamos un idioma que ha nacido del latín vulgar hace muchos  siglos y en este proceso evolutivo resultó, caprichos de la historia, que el género masculino se impuso como genérico en español.

3. El género es uno de los rasgos gramaticales más característicos del sustantivo. No se deben confundir género y sexo porque el sexo es un rasgo biológico propio de algunos seres vivos.

4. Género y sexo no siempre coinciden: existen sustantivos en los que el género es un rasgo gramatical inherente y arbitrario que no tiene reflejo en la realidad, la evolución del idioma o la procedencia latina de la palabra han determinado, a veces, su género, por ejemplo: la pared  y el muro. Suelen ser sustantivos que designan seres inanimados.

5. Existen seres que en la realidad presentan diferencias de sexo y se designan, en cambio, con un sustantivo sin variación de género: la ardilla macho, la ardilla hembra.

6. Muchos sustantivos, sin embargo, que designan seres animados, se valen de las terminaciones para diferenciar no solo el género gramatical sino también el sexo. En estos casos el femenino se suele marcar con la terminación –a y el masculino con –o.

7.Pero hay muchas excepciones a esta norma. Hay otras desinencias para el masculino y para el femenino (abad/abadesa; actor/actriz; rey/reina…) y hay palabras que son completamente diferentes en masculino y en femenino, como hombre y mujer.

8. También contamos con sustantivos que carecen de género propio pero necesitan diferenciar el sexo, lo que hacen mediante el artículo, por ejemplo: el/la pianistael/la artista; el/la amante; el/la paciente…y una larga lista.

Estos apuntes son sólo una pequeña muestra de la variedad de ese concepto gramatical que es el género en español.  Hay dos cosas claras: en nuestra lengua no siempre coinciden sexo y género; el genérico (un principio básico de la economía lingüística) es de género masculino, guste o no.

¿Es necesario rebelarse contra ello? ¿Es conveniente enfrentarse a las reglas principales de un idioma para hacerlo más complicado y no más sencillo? ¿La lengua es un invento masculino? ¿No existe una identidad colectiva más allá del sexo o del género que es la Humanidad, femenino por cierto? ¿De verdad, uno de los grandes problemas de la discriminación de las mujeres es el uso, supuestamente extendido, del género masculino?

 

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