Ahora que parece estar de moda revisar  la Segunda Guerra Mundial desde  diferentes puntos de vista, resulta muy oportuno este libro de memorias que nos acerca a la participación española en el conflicto. Se titula Los Diarios de Karagandá y recoge la experiencia de Eusebio Rodríguez, un participante de a pie en la División Azul , un soldado, sin afiliación política ni galones, que se embarcó en esa «aventura» huyendo de la  miserable realidad española de postguerra.

El libro se construye a partir de los documentos y diarios  de Eusebio pero le ha dado forma literaria y lo ha ordenado el escritor Daniel Pérez, que va alternando el relato vital del protagonista, desde su infancia en la España rural profunda, en Sanabria, con su experiencia bélica y el posterior cautiverio en Rusia por distintos campos de concentración, hasta acabar en el gulag de Karaganda.

El relato  combina diversas técnicas narrativas, alterna el uso de la primera persona o la tercera con diálogos precisos y conduce  hábilmente al lector por  caminos  dispares desde la dura vida  del protagonista y sus reflexiones a los acontecimientos en los que participó: guerra, cautiverio, etc. Esta  narración ingeniosa nos permite obtener una visión singular, por lo novedosa que es, de hechos y circunstancias  que se han tratado innumerables veces en los libros de historia: la posguerra española, la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración rusos e,incluso, la dictadura de Franco. Es el cambio en la perspectiva al abordarlos y la manera en que se desarrolla su relato, lo que hace que se descubran numerosos matices inéditos en los sucesos históricos.

La terrible experiencia de la guerra está contada de un modo escueto que transmite perfectamente lo que fueron algunas batallas atroces como la célebre Krasny Bor, fundamental en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. Golpes de mano, escaramuzas, emboscadas adquieren en el libro una dimensión insólita porque están realizados por hombres corrientes,  que nadie conoce y a los que  la historia ha olvidado. Por primera vez la batalla se cuenta desde el punto de vista de alguien que la sufrió, que pudo morir en ella, no desde la perspectiva del historiador que la  analiza. El resultado es una narración sobrecogedora por su autenticidad.

La parte de la novela referida al cautiverio  es asimismo muy interesante. A lo largo del siglo XX ha habido diferentes testimonios de los gulags rusos escritos por autores  que, en muchos casos, eran disidentes políticos, víctimas  del régimen de terror de Stalin.  Los diarios de Karagandá  es diferente. El protagonista es un prisionero de guerra que nos cuenta  su asombroso periplo de once  años en Rusia por distintos campos de concentración hasta llegar a Kazajistán, al gulag de Karagandá en el año 46. Habla del hambre, de las penalidades sin fin pero  también de la solidaridad del pueblo ruso que sufría igualmente el hambre, la miseria y la represión en una postguerra durísima e interminable.

Este libro es un relato de aventuras trepidante y una valiosa crónica histórica desde la perspectiva inédita de un héroe anónimo que toma la palabra; pero también es un testimonio   conmovedor de superación por parte de un hombre que supo enfrentarse a su destino trágico y salir victorioso.

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