Es probable que a los niños y adolescentes actuales no les seduzca la obra de Julio Verne. Además han visto películas y series de dibujos animados, más o menos afortunadas, basadas en sus novelas. Como es bien sabido, esas películas tienen poco que ver con los textos originales, suelen ser solo un reflejo lejano, pero sirven para que la gente conozca los títulos y los autores. Leerlos, ya es más complicado.

Sin embargo hay generaciones de niños y adolescentes en todo el mundo, a lo largo de mucho tiempo, antes del imperio de la tv y los videojuegos, que han aprendido a leer con este maravilloso francés que es Julio Verne. Digo aprendido a leer porque Verne ha despertado en millones de principiantes la necesidad de seguir con esa actividad que proporciona tanto placer, la lectura, una vez que te enganchas a ella.

Según mi propia experiencia La isla misteriosa es un libro hipnótico. Lo leía una y otra vez y siempre descubría algún detalle nuevo. Todos me llevaban a lo mismo: la aventura, el exotismo, los viajes que deseaba emprender algún día. Y el misterio: el final era una locura que no me esperaba en absoluto. Una sorpresa tras otra. Unos personajes con los que te podías identificar… ¡Si es que lo tenía todo! Y todo lo veía como si fuera una película. Julio Verne hacía que  los extraordinarios sucesos que relataba fueran creíbles.

A partir de ahí, llegaron los demás: Dos años de vacaciones y Veinte mil leguas de viaje submarino, por ejemplo, otros dos títulos que leí y releí. Me transportaban a esos lugares maravillosos que no visitaría jamás. Pero para mí, existían, Julio Verne conseguía, una vez más, que ese submarino mágico existiera. Yo lo veía.

¿Qué le debo a Julio Verne, pues? Algo impagable: el amor por los libros y por la lectura. Por eso le tengo tanto cariño aunque no sea el mejor escritor del mundo.

Luego llegaron muchos otros artistas. Grandes maestros, escritores sublimes, poetas extraordinarios…sin duda, grandes emociones, seguir aprendiendo a disfrutar con la lectura

Pero la felicidad proporcionada por las aventuras, que Verne me contaba en las tardes del verano interminable de mi infancia, es uno de los mejores recuerdos que conservo y lo bueno es que la puedo revivir cuando quiera.

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