La poesía es el nuevo rock. Oprimidos bajo el yugo de poetas rancios y aburridos de temática ajena y desfasada, ya era hora de recibir a un nuevo mesías, un nuevo Mick Jagger que le diera a la obsoleta poesía ese soplo de aire freso que tanta falta le hacía.

Bien, pues hace unas semanas unos pocos privilegiados tuvimos la suerte de presenciar el advenimiento. Después de hacernos esperar con chispitas en los ojos como quien espera la salida del predicador, apareció. Con un aura casi divina y una cohorte de invitados estelares, allí estaba ella, Irene X. Uf, hasta el nombre suena moderno; esto sí, esto es otra cosa. El ambiente era perfecto: luces bajas, silla iluminada, micro y un público entregado que gritaba con los ojos. Se preveía una gran noche.

El primer ataque fue intenso, para ir calentando. Irene, siempre tan involuntariamente a la moda, leía pasota algunos de los textos incluidos en su último libro, un trabajo impecable y cuidado cuyo título surgió, según la propia artista, de una noche “de pedo” y colocón. Textos profundos y densos, tanto en temática como en léxico, que una espontánea Irene iba aderezando con un genio y una creatividad que bullían en ocurrentes y originales bromas solo aptas para intelectuales y bohemios de mente abierta. La sala se llenaba de risitas cómplices cuando a la pobre Irene se le iba de las manos la naturalidad entre texto y texto con sus completamente espontáneos comentarios –“la vida es dura y nos la tragamos” (¡ups!), un toque picantón nunca viene mal, ya se sabe; nada mejor para ganarse a un público adolescente de calidad que un buen chascarrillo sexual impactante y rompedor—. Cuando las risas y conversaciones con sus inseparables acompañantes se lo permitían, la poetisa recitaba con su suave cadencia susurrada, tan original como apasionada, unos versos cuyo calado, corrección, estilo y sonoridad harían temblar al mismísimo Neruda. “Soy ese tipo de chica que después de follar / te agarra por la muñeca / y te presta dos libros, / que sabe que no recuperará nunca”. Pocas veces se ha visto en poesía un yo lírico tan pulcro y con tal nivel de abstracción de lo trivial. Pocas veces se ha visto tanta innovación en la forma, con un contraste léxico tan rompedor entre lo elegante y lo vulgar. Apártate, Quevedo, que viene Irene.

Pero lo mejor de nuestra musa es, sin duda, la temática de su obra: redonda, fuerte, comprometida y sin fisuras. Cuando tienes algo que contar al mundo, debe hacerse el silencio, y ella lo tiene. Feminista, reivindicativa e independiente, Irene animaba con sus versos a sacar “de una puta vez la basura”, trabajadísima imagen que podría interpretarse como una sutil, casi imperceptible para el lector inexperto, invitación a acabar con relaciones tóxicas y a ser autosuficiente; certero, necesario, ¿qué mejor baluarte para la nueva poesía?, ¿qué mejor modelo para los nuevos lectores? Un mensaje constante en la lírica de Irene X que se puede ver en ejemplos como “La felicidad era jugar con fuego / y tú ardías” en otros ejemplos. La colaboración estelar de Enzo Värez no hizo más que sumar al recital. Con una cuidadísima puesta en escena en la que sorprendió rapeando entre toses y lapsus linguae sus temas de Youtube, la lírica del artista se ajustaba a la perfección al ya de por si nada confuso mensaje de Irene; un canto a la feminidad y al buen gusto, con perlas lorquianas tales como “si no eres tú la que me saca brillo”, o “me quieren comer todo el sable”. Y así transcurrió el recital, así se reveló el espectáculo de la nueva y radiante musa de la poesía joven.

Si, la poesía es el nuevo rock e Irene X es el claro ejemplo. En su afán por liberar a la poesía de ese halo rancio que le ha sido atribuido en los últimos años, Irene se vale de un estilo y unos mensajes modernísimos e impactantes que han conseguido despertar el interés poético y capturar a miles y miles de jóvenes en los últimos años. Borracheras, relaciones tóxicas, rebeldía, (in)dependencia…tanto su estética como su obra están plagadas de golpes de efecto que, gracias a las benditas redes sociales, han conseguido viralizarse y entrar en las mentes de sus jóvenes seguidores que parecen seguir a pies juntillas los preceptos de su ídolo. Irremediablemente, el fenómeno Irene X va en camino de resucitar la poesía. ¿Acaso no es eso lo que necesitamos?

Fuente de foto de portada: El Acróbata

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