Parece que El guardián entre el centeno, la novelita de Salinger, está de actualidad, otra vez. Aunque nunca dejó de estarlo porque la obra tiene un numeroso grupo de fans y ya ha entrado en la categoría de clásico norteamericano hace tiempo.

J.D. Salinger fondo negro
J.D. Salinger, autor de la obra

Sin embargo, hay lectores que cuando la leen por primera vez,  se preguntan qué tiene de especial, no le encuentran la grandeza por ningún lado. Es demasiado simple, comentan.

Quizás sea porque se trata de una novela de iniciación: un adolescente se rebela contra el mundo de los adultos a los que considera hipócritas e imbéciles que se mueven en un mundo de reglas absurdas. El protagonista Holden Caulfield está al borde del precipicio, al final del campo de centeno, para impedir que los niños caigan en él: se hagan mayores. Es la referencia a un mito literario universal, el paraíso perdido de la infancia. Es imposible permanecer en él para siempre, pero hay personajes que no quieren abandonarlo y su añoranza les acompaña siempre.

Luego está la contradicción que supone la atracción por “lo adulto”, que es lo desconocido. Holden reflexiona sobre estas cuestiones a su manera. Es un pequeño adolescente “existencialista”, modelo y arquetipo de otros muchos adolescentes del mundo real que son parecidos a él, porque la naturaleza siempre acaba imitando al arte.

Es probable que muchos lectores que descubran esta novela de mayores la encuentren poco interesante e incluso cuestionen su éxito. A lo mejor es una novela para jóvenes. Es curioso, no obstante, que sea el libro más prohibido en los institutos de enseñanza media en Estados Unidos en 1980 y también el segundo más recomendado, el mismo año. Parece que los profesores no se ponían de acuerdo. ¿Demasiado descarado y poco edificante? o ¿Interesante porque el joven se identifica, y puede suponer un aliciente para leer?

Holden Caulfield
El Guardián entre el Centeno

Por otro lado, no  hay que olvidar  que la novela se publicó en 1951, pero no ha perdido nada de su descaro formal, parece escrita hoy. Ese es probablemente su mayor mérito, su lenguaje desenfadado y como improvisado que la hacen sumamente moderna para su época y la acercan a la nuestra. Incluye el registro coloquial en la literatura de posguerra de forma sistemática para conseguir naturalidad y frescura, pero detrás de esa aparente improvisación hay un hábil y elaborado trabajo con el idioma. No ahorra detalles que se pueden considerar atrevidos o, incluso, escabrosos pero sin caer en lo cursi ni en lo soez. Es inteligente y original y, desde luego, un bombazo en su momento porque no era nada habitual esa forma de hablar y de narrar.

Por último, está la ración de morbo que acompaña a El guardián entre el centeno, el libro que el asesino de John Lennon llevaba en el bolsillo cuando lo mató. En una de sus páginas había escrito: “Esta es mi declaración“, firmando posteriormente  como “Holden Caulfield”.

Puede que para algunos esta novela no signifique nada pero, es indudable, su gran magnetismo para otros muchos, aunque les resulte inexplicable.

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