Dorian Gray pensaba que lo único que valía la pena en el mundo era la belleza y, asociada a ella, la juventud. Estaba dispuesto a lo que fuera para retenerlas a ambas. Si había que vender el alma al diablo, se hacía. Así consiguió que fuera su retrato, y no él, quien sufriera el paso de los años, mostrando su degradación física y moral. Mientras,  tenía  bula para disfrutar del arte, la vida, la belleza y la juventud sin pensar en minucias como las leyes, la moral o el daño ajeno.

Oscar Wilde publicó su novela El retrato de Dorian Gray en 1890. Era otro escritor satánico-romántico, que adoraba su propio yo. Además como su personaje, reverenciaba al arte por encima de la realidad. Oscar Wilde también llevó una doble vida como su héroe y acabó pagando por ello: la misma sociedad victoriana, que lo admiraba,  lo machacó al descubrirse su homosexualidad. La imperial e hipócrita sociedad británica era también como Dorian Gray, perfecta por fuera y podrida por dentro.

Pero ¿cuál es en realidad la fascinación que continúa ejerciendo esta obra?. Sin duda, son importantes todos los grandes temas universales que trata: la dialéctica entre el ser y la apariencia, entre la realidad y la imagen, entre la vida y el arte. También es destacable su ambiente romántico, la fatalidad y el embrujo que ejerce un hombre que ha hecho un pacto con el mal; los malvados son siempre muy atractivos, especialmente si son tan hermosos como Dorian Gray. Pero hay algo más y tiene que ver con  el culto al cuerpo, a la hermosura externa, a la juventud, que están tan de  moda en esta sociedad nuestra, loca por los ideales de belleza aunque sea a golpe de cirugía estética. La juventud y la belleza son también una obsesión en el mundo actual. A Dorian Gray su pasión se le fue de las manos. Se convirtió en un monstruo.

Creo que nos está pasando lo mismo. Se nos está yendo de las manos: se tiene que conseguir el ideal de belleza a toda costa. No hay más que ver las portadas de las revistas, con las sesentonas-veinteañeras, y los señores de ochenta años comportándose como jovencitos tenistas. Todos quisieran ser Dorian Gray.

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