Se cumplen 100 años de la muerte, el 4 de enero de 1920, de Don Benito Pérez Galdós. La última etapa de su vida fue triste, con poco dinero y ciego. El estreno del drama Electra en 1901 le acarreó una gran controversia entre defensores y detractores debido a su anticlericalismo. Dicen que sus posiciones políticas cercanas al socialismo  impidieron que se le concediera el premio Nobel; además, los escritores jóvenes de la Generacion del 98 se mostraban desdeñosos e, incluso, le negaban  valía e influencia. El caso más llamativo es el de Valle-Inclán, siempre tan exagerado en sus posturas; primero se muestra deudor de Don Benito, alabándolo y, más tarde, cuando el Teatro Español, dirigido por Galdós, rechaza su obra El embrujado, le regala, entre otras  lindezas, el sobrenombre de «Garbancero» que pone en boca de Max Estrella, el protagonista de Luces de Bohemia. Ese apodo implacable e injusto ha perseguido a Don Benito y parece que ha representado el desprecio y el ninguneo de muchos insignes colegas a lo largo de la historia de la Literatura española. Efectivamente, Galdós parece que suena a rancio o a antiguo y poco glamuroso, a diferencia de otros escritores realistas como Dickens o Balzac.

Benito Pérez
Benito Pérez Galdós | Zenda Libros

Pero Galdós no es antiguo ni rancio, ni tampoco lo es, por ejemplo, el tratamiento de muchos de sus personajes femeninos, tan complejos, tan variados. Hay donde elegir: desde la salvaje Fortunata, a la modosa Jacinta; de la maravillosa «santa» Benina (que  mejora el mundo con su sola presencia en Misericordia), a la desventurada Tristana, mujer trágica donde las haya. Y para los que prefieran a las malvadas beatas también las hay, con doña Perfecta a la cabeza. Todas ellas dependientes de los prejuicios sociales que certeramente reflejó el autor. Prejuicios que las condenaban a la miseria económica y espiritual en medio de una estrechez mental y moral difícil de romper.

No se sabe muy bien por qué Galdós suscita opiniones encontradas y, sin embargo, otro contemporáneo suyo, Clarín, es alabado de forma unánime, sin llegar ni de lejos al talento y magnitud de la producción de don Benito.

La obra de Galdós abarca  España entera en  el siglo XIX: todas las clases sociales, todos los  tipos de personas, la política con sus diferentes ideologías, la religión, la vida diaria con sus pequeños detalles; los hombres, las mujeres, los niños; las ciudades y sus calles, especialmente Madrid. Lo bueno y lo malo de la sociedad española y su historia. Un trabajo ingente de observación, finura, sutileza, inteligencia y amor a un país porque Galdós, no solo observaba y escribía, también intervino en lo público con la intención de mejorarlo. No en vano, su discurso de ingreso a la Real Academia Española en 1897 llevaba un título revelador: «La sociedad presente como materia novelable».

La sociedad presente como materia novelable

Pero hay mucho más y más profundo, el conflicto del individuo que se enfrenta a su sociedad, que se rebela, que se resiste a deshumanizarse y a ser absorbido por una sociedad opresora. No son solo tipos, descripciones minuciosas y argumentos realistas lo que Galdós nos muestra en sus novelas, es el mundo inmerso en su historia, llena de seres humanos vivos.

En la Biblioteca Nacional de Madrid se presenta, hasta el 16 de febrero, una estupenda exposición sobre la vida y la obra de Galdós. Puede ser un buen momento para acercarse a este español extraordinario.

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