La Guerra Fría se libraba en todos los campos posibles. Si un conflicto marcó la segunda mitad del siglo XX, ese fue el librado entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Casi se puede decir que las dos grandes potencias mundiales de dispararon indirectas durante varias décadas. El pulso era constante, lo que se trasladaba incluso a una carrera por ser los primeros conquistadores del espacio. Cada símbolo tenía un valor fuera de lo común. Así, ambos estados volcaban sus energías en ser los primeros en llegar a la luna.

Ya sabemos todos cómo acabó la cosa. Yuri Gagarin, Neil Amstrong, el Muro de Berlín, Gorvachov… Efectivamente, la Unión Soviética terminaba desmembrándose allá por el año 1991, dando lugar a una serie de estados distintos. Con las mismas, el programa espacial quedaba aparcado en gran parte, dejando varios restos del naufragio repartidos por doquier. Un patrimonio olvidado tan impresionante como el que el fotógrafo Ralph Mirebs localizaba en el cosmódromo Baikonur, situado en Kazajistán.

Efectivamente, olvidadas en medio de la nada, dos lanzaderas espaciales rusas Buran y unas impresionantes instalaciones acumulan polvo. El resultado de un programa espacial cerrado en 1993. Maravillas perdidas.

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