Era el 26 de abril de 1937. La Guerra Civil Española llevaba meses tiñendo de sangre de hermanos el suelo de nuestro país. A las cuatro y media de la tarde, las campanas empezaban a sonar en la localidad vizcaína de Guernica. Se acercaban varios bombarderos alemanes e italianos. El resto es historia.

Efectivamente, el bombardeo de Guernica fue uno de los episodios más tristes y emblemáticos de la Guerra Civil. Sin defensa alguna, el pueblo de unos 4.500 habitantes quedaba totalmente reducido a escombros. Al parecer, con el frente a 15 kilómetros de distancia, el objetivo del ataque fascista no era otro que el de bloquear la retirada de las tropas vascas. Volar un puente era lo que se pretendía. sin embargo, se destruyó todo menos el puente en cuestión, ya que más bien parece que la intención era acabar con las vidas de simples ciudadanos.

Hay quien dice que fueron 150 las víctimas. Según otros, la cifra ascendió a 1.500. Sea como fuere, lo cierto es que nada quedó en pie en Guernica y que fueron centenares los muertos. Una estampa de ruina y desolación inmortalizada para siempre por el pintor Pablo Picasso, pero cuyo alcance solo podemos entender realmente viendo las fotografías del lugar tras el ataque. Así quedó Guernica después de ser bombardeada.

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