Resulta difícil de creer que todo haya cambiado tanto. Erróneamente, todos tenemos arraigada en nuestra mente la idea de que el progreso genera más progreso. Pensamiento, cultura, ciencia, educación… Cualquier etapa de esplendor siempre debería ser el abono para la tierra de un futuro mejor, pero no siempre es así. Algo que, si en un país se ha hecho patente a lo largo de las últimas décadas, es en Afganistán.

Escuchar hablar del país asiático nos lleva directamente a pensamientos en los que bombas, destrucción y dolor se mezclan a partes iguales. A muchos nos cuesta imaginar que, hace no mucho tiempo, Afganistán era un país esplendoroso, desarrollado y en el que la libertad se iba imponiendo al mismo tiempo que su sociedad avanzaba a pasos agigantados.

En 1967, el profesor Bill Podlich decidía pedir dos años para trabajar para la UNESCO en Afganistán. Durante 24 meses, tenía tiempo para tomar unas cuantas fotos de la vida cotidiana del país, mostrando una realidad que, vista a día de hoy, impresiona y entristece a partes iguales. Desarrollo y tradición convivían de forma armónica y casi poética en el lugar. Sorprende ver un hermoso país y gentes convencidas de que tenían un prometedor futuro por delante, pero también derrota pensar lo que rusos, talibanes y americanos han hecho con Afganistán.Y es que, una década después, todo empezaba a desmoronarse… Si no, atentos a estas fotografías de los años 60.

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