No nos hartamos de decir que las guerras son la máxima expresión de la estupidez humana y de sus todos sus defectos como especie concentrados en un momento y espacio determinados. Sin embargo, en medio de la desolación siempre ha existido espacio para que nuestra especie se redima a base de sacar lo mejor de sí misma.

Hoy viajamos hasta la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces, Europa se había convertido en un auténtico caos. Fuego, sangre y destrucción impregnaban el suelo del Viejo Continente. Mientras tanto, incontables fotógrafos ofrecían al mundo las crudas imágenes de lo que allí estaba sucediendo.

Entre tanto dolor, el fotógrafo Gerald Waller tomaba una foto inolvidable y encantadora. La Segunda Guerra Mundial acababa de terminar y un niño austriaco llamado Werfel, de seis años de edad, recibía unos zapatos nuevos de la Cruz Roja. La revista Life publicaba una instantánea gloriosa.

Niño austriaco zapatos nuevos

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