Era puro lujo. En el año 1883, la Compagnie Internationale des Wagons-Lits lanzaba un ferrocarril que se convertiría en un icono de las vías. Con una ruta originalmente trazada entre París y Constantinopla (actual Estambul), el lujoso vehículo era frecuentado por los más adinerados, convirtiéndose en una suerte de atracción para las clases más altas. Se llamaba el Orient Express.

Las mejores marcas en su diseño, pasos por ciudades como Bucarest o Atenas, los mejores chefs en sus cocinas… No se reparaba en gastos a la hora de ofrecer los servicios más exclusivos para sus pasajeros. Durante décadas, el Orient Express cruzaba Europa de un lado a otro con imponente apariencia. Casi un siglo de esplendor que empezaba a perder fuelle a partir de 1962. Desde entonces, las salidas empezaban a ser más esporádicas. De hecho, el Orient Express terminaba convirtiéndose en una rareza romántica más que otra cosa. Así, la llegada del nuevo milenio suponía la despedida definitiva del famoso tren.

Uno de los trenes fue convertido en suites para el hotel Venice-Simplon Orient Express. El otro es destruido por el paso del tiempo. Y es que permanece abandonado en Bélgica. Estas fotos del vehículo nos recuerdan lo que un día fue, pese al lastimoso efecto que el tiempo ha causado estos años.

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