Bienvenidos al siglo XXI. Probablemente, después de leer este titular algunos han creído haber montado en un DeLorean para viajar a tiempos más infames, pero la realidad es así de bochornosa. Efectivamente, en estos días que corren todavía hay millones de personas que sufren discriminaciones y agresiones de todo tipo por el mero hecho de tener una u otra orientación sexual. De hecho, son decenas de países las que se apunta a prácticas tan impresentables como las que ha retratado la fotógrafa Paola Paredes.

Están en Ecuador y se ocultan bajo clínicas oficiales destinadas, en un principio a ayudar a alcohólicos, drogadictos o gente con cualquier tipo de adicción peligrosa. Sin embargo, también se utilizan como lugares para tratar la homosexualidad. Y es que se considera que es una enfermedad con cura.

Obviamente, fotografiar el interior de los centros en cuestión resulta del todo imposible, pero gracias a los testimonios de algunas mujeres internas, la prestigiosa fotógrafa ha recreado las prácticas desarrolladas para “curar” a las pacientes. Agresiones, violaciones y un sifín de atentados contra la dignidad que podemos ver gracias a la cámara de Paola Paredes.

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