En el año 2011, el fantasma de Chernobyl volvió a sobrevolar sobre nuestras cabezas. Un nuevo desastre nuclear de singular envergadura hacía que todo el mundo volviese sus mirada hacia Japón. Concretamente, hacia la central nuclear de Fukushima.

Los desperfectos causados por un terrible terremoto y un tsunami tenían la culpa de que se produjese uno de los mayores accidentes medioambientales de la historia moderna. Y es que, salvo en el citado caso de Chernobyl, ningún accidente nuclear había alcanzado el terrible nivel 7. Explosiones de edificios, triple fusión del núcleo, fallos en los sistemas de refrigeración y, en definitiva, una importante liberación de radiación al exterior.

Más de 30 kilómetros a la redonda del lugar en el que se produjo el desastre son ahora zona de exclusión. El territorio permanece cerrado y sus habitantes llevan ya siete años lejos de sus hogares. Sin embargo, el fotógrafo polaco Arkadiusz Podniesinski pudo conseguir, tras mucho tiempo, el permiso para entrar en dicho territorio y fotografiar el panorama que ha quedado tras el desastre nuclear de Fukushima. Digno todo de película.

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