¿Os acordáis de cuando Will Smith lo petaba en cada película? Pese a que ahora no atraviesa buenos momentos, lo cierto es que durante más de una década, el sensacional actor se convertía en el intérprete más rentable de la industria. De hecho, el bueno de Will era el intérprete más querido por el público. A base de talento y simpatía, su nombre en el cartel de una película era sinónimo de éxito. Algo que ahora parece haberse esfumado.

Sea como fuere, una de las grandes abanderadas de aquellos tiempos de vino y rosas era la genial Soy Leyenda. En un mundo post-apocalíptico en el que una epidemia convertía en “nocturnos” (una especie de vampiros/zombis) a la gente, Robert Neville y su encantador perro sobrevivían con dificultades por las calles de Nueva York. La adaptación de la novela de Richard Matheson conquistaba a crítica y público, sobre todo gracias a un final sin concesión de ningún tipo. Algo que pudo ser muy diferente.

Lejos de la oscuridad imperante en la película, el final alternativo rodado y que se quedó fuera del montaje resultaba bastante blandito y casi ridículo. Efectivamente, nuestro protagonista buscaba el amor en el marchito corazón de los Nocturnos. Aquí os dejamos el instante en cuestión para que valoréis vosotros mismos, pero no podemos ocultar nuestra alegría porque se descartase esta opción de resolución para Soy Leyenda.

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