Queridos amigos, es hora de hablar de los bat-pezones. Ya sabemos que es doloroso y que nunca es fácil recordar momentos tan duros, pero tenéis que ser fuertes. Como todo buen fan de Batman sabe, el golpe más duro que se llevó Bruce Wayne después de la muerte de sus padres fue el aterrizaje de Joel Schumacher en la saga. El director de joyas como Jóvenes Ocultos o Un día de furia era el elegido para continuar el sensacional trabajo de Tim Burton al frente de las adaptaciones cinematográficas de Batman. Una decisión que no tardo en revelarse como un grave error…

Cuando quieres hacer películas de Tim Burton sin Tim Burton, lo normal es que todo termine en desastre. Eso le paso a Warner y DC en su intento por continuar con el estilo marcado por el carismático director. Efectivamente, Joel Schumacher estaba más perdido que una tortuga en un desierto, lo que se traducía en la horrible Batman Forever. Un desastre que alcanzaba el nivel de cataclismo dos años después con la que, para muchos, es la peor cinta de la historia del cine de superhéroes: Batman y Robin (1997).

Jack Nicholson Joker

Simplemente no se le daba la cosa. A la vista está que entre las dos calamitosas cintas de Batman, Schumacher firmaba la sensacional Tiempo de Matar. Así, un director aclamado y respetado veía como millones de fans del Hombre Murciélago se le echaban encima y le declaraban odio eterno. ¿Cuál fue su idea para revertir la situación? Una tercera película de Batman.

El caballero Oscuro está deprimido, pero tiene que enfrentarse a los fantasmas de su pasado con la llegada del Joker de Jack Nicholson y una Harley Quinn a la que interpretaría Courtney Love. Con esa idea se presentaba el director en las oficinas de Warner. Allí, un directivo de buen corazón le recomendó volverse a su casa y olvidar lo que, seguramente, habría sido el nefasto colofón final a la trilogía. Diez años después, un tipo llamado Christopher Nolan rescataría a Batman para la causa…

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