Una de nuestras principales razones de ser es la de reivindicar constantemente a ese auténtico animal del cine llamado Paul Verhoeven. De hecho no es la primera vez que le dedicamos unas líneas a un tipo carente del respeto que su talento merece. Como a menudo ocurre con M. Night Shyamalan, parece que eso de meterse con Verhoeven le resulta muy fácil a crítica y público. Es como si todo el tiempo estuviesen esperando a que el director metiese la pata.

Robocop, Desafío Total, Instinto básico, El libro Negro, Elle… Muy pocos se pueden comparar a un tipo que, sin embargo, ha vivido muchas veces con el fracaso. Si no, recordad esa joyita masacrada que fue Showgirls. Sin embargo, el tema que hoy nos ocupa es el de los insectos gigantes espaciales.

Corría el año 1997. El bueno de Paul Verhoeven venía de llevarse un sopapo descomunal con la mencionada Showgirls. Así, el director volvía a su amada ciencia-ficción con Starship Troopers, la adaptación de la novela de Robert Henlein. El resultado era una nueva batería de críticas salvajes hacia ese ejército terrícola enfrascado en su guerra contra los enormes insectos del planeta Klendathu.

Starship Troopers

Pocos se dieron cuenta en aquel momento de que estábamos ante una maravilla de la ciencia-ficción. Puede que no tuviesen el suficiente ojo, que se la tomasen demasiado en serio o que no apreciasen el valor real de esta sátira. Todo estaba cargado de gamberrismo, lo que el público ha empezado a descubrir en los últimos tiempos. Efectivamente, una película tan masacrada en su estreno como Starship Troopers es hoy imprescindible filme de culto para los amantes de la ciencia-ficción. Justísimo.

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