Lección de humildad por cortesía de George Miller. Eso es lo que todos nos llevamos en el año 2015. Y es que, pese al retorno del director de la trilogía original, eso de recuperar la saga de Mad Max con nuevos actores y sin nuestro queridísimo Mel Gibson sonaba a intento desesperado por hacer dinero. No vimos venir que aquello era una maravilla de épicas proporciones,

Dos horas de persecución extrema. Eso era Mad Max: Furia en la carretera. Lejos de quedarse por debajo del nivel de sus antecesoras, la cinta se convertía en lo mejor de toda la saga. George Miller al fin se daba cuenta de que tomarse el argumento de Mad Max en serio no era lo ideal. Así, el director nos ofrecía una cinta cargada de adrenalina, alocada y sin complejos, pero también un ejercicio narrativo de los que no se ven todos los días. todo eso sumado al genial desarrollo de personajes, a la lírica debida y a unas interpretaciones para enmarcar, provocaba que Mad Max: Furia en la carretera se llevase 6 Oscars y el respeto de todo el planeta.

Mad Max: Furia en la Carretera

Queremos más Imperator Furiosa y, cómo no, una nueva ración de Max. Charlize Theron y Tom Hardy nos hacían olvidar los días de Mel Gibson. Lo mejor de todo era que encima se dejaba un panorama idóneo para afrontar secuelas con todas las garantías. Algo que se anunciaba automáticamente, pero que ahora se ha complicado de forma grave.

Demandas, problemas varios y una disputa por algunas cuestiones económicas de la cinta están provocando los enormes problemas a los que se enfrenta el futuro de la saga. George Miller y Warner Bros. mantienen un duro pulso que, de no solucionarse, podría llevarse por delante nuestras esperanzas. Hagan lo que quieran, pero arréglense, porque nosotros queremos más Mad Max.

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