Es una costumbre tan arraigada, como extraña. Cuando pensamos en una sala de cine, automáticamente nos viene a la mente un buen cubo de sabrosas palomitas para acompañarnos durante la proyección. Raro es el cine que no te las ofrece.

Si lo pensamos en frío, la idea no parece la mejor de todas. Y es que sentarse a ver una película y que decenas de personas estén masticando algo tan ruidoso suena regular. ¿A quién se le ocurrió semejante idea? ¿Por qué se comen palomitas en los cines? Pues las respuestas las encontramos en la Gran Depresión de Estados Unidos.

Corría el año 1929. La crisis que sufría Norteamérica era brutal. Millones de estadounidenses se encontraban en paro y la economía estaba hundida como nadie podía imaginar. Así, el cine se convertía en el principal entretenimiento de una sociedad que atravesaba por terribles momentos. El cine era barato, pero hacía falta algo que los espectadores pudiesen comer durante las proyecciones, y ese “algo” tenía que ser barato.

¿Por qué se comen palomitas en los cines?

¿Que era lo único asequible? Pues el maíz. Estados Unidos producía descomunales cantidades de maíz, por lo que se optó por las palomitas como solución. Una costumbre que perduraría en el tiempo hasta llegar a nuestros días.

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