Algo no ha terminado de encajar como debería. Hace unos días, Netflix daba la bienvenida a la serie más ambiciosa de su historia. La plataforma de streaming apostaba a lo bestia por Altered Carbon, un producto de ciencia ficción con pinta de arrasar. El material de partida se prestaba a ello, ya que la novela de Richard K. Morgan en la que se basa la serie da para mucho. Desgraciadamente, algo no ha terminado de funcionar en la serie.

Altered Carbon nos lleva a un futuro distópico en el que la muerte se ha «devaluado» un poco. Y es que, pese que los cuerpos humanos siguen deteriorándose al ritmo normal, las conciencias pueden extraerse y colocarse en nuevos huéspedes. Así se presenta una ficción que no está nada mal en términos generales, pero que falla en varios puntos demasiado importantes.

Altered Carbon

Podía ser una de las grandes ficciones de la televisión moderna. Sin embargo, Altered Carbon ha decidido quedarse a mitad de gas. Pese a su imponente puesta en escena (Netflix no repara en gastos), los diez episodios de la ficción nos ofrecen una trama central que carece del ritmo y la tensión que cabría esperar. Los esfuerzos hipnóticos no son suficientes para convencernos de que estamos asistiendo a algo realmente interesante.

Altered Carbon

Si por algo debía caracterizarse Altered Carbon, eso era su disección social. Con semejante panorama, lo propio era afrontar la deconstrucción del ser humano en múltiples parcelas, pero lo cierto es que la serie entra en todo tema trascendental como elefante en cacharrería. No existe sutileza o profundidad alguna en la visión de sus creadores. Así, Altered Carbon termina convertida en una de esas series que bien merecen una inversión de tiempo, pero que quedan lejos de ser memorables. ¡Malditas expectativas!

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