Es curioso el mundo audiovisual. Cuando vemos una película, un videoclip, un anuncio o una serie, todos podemos babear ante lo que se nos presenta delante. “¡Menudo director es Alejandro González Iñárritu!”, exclamamos después de ver El renacido. Tres cuartos de lo mismo ocurre cuando Spike Jonze se lleva los aplausos por su anuncio de Kenzo o cuando nuestro respeto se va al cantante tras disfrutar un videoclip como el de This is America de Childish Gambino. Ni una pega que ponerle al trabajo de estos sensacionales artistas, pero de lo que conviene hablar es de las figuras fundamentales a la hora de crear todas estas maravillas: los operadores de cámara.

Sobre el papel, cualquiera pensaría que un operador de cámara es una persona que poco se diferencia de un trípode, pero nada más lejos de la realidad. La capacidad creativa de estos eslabones imprescindibles del mundo audiovisual es lo que más nos entra por el ojo. Para muestra, un botón.

Efectivamente, en El renacido todo se vuelve orgánico a niveles inimaginables por el buen hacer de su operador de cámara. El leguaje audiovisual depende en buena medida de lo que pueda hacer un buen operador. Para ello se requiere de un camino que empieza con la formación adecuada, lo que se puede conseguir de forma más que óptima con el Curso de Operador de Cámara de Cine y TV de la Escuela CES.

El control de la técnica y el estudio de las posibilidades y claves de las cámaras resultan fundamentales. Eso quedará perfectamente asentado en las clases. Del mismo modo, pintar con luz y unas prácticas para empezar a rodarse irán creando a una persona capaz de empezar a pensar en planos y a soñar formas de planificación que nadie ha imaginado jamás. Es el momento de saltar al mundo con diversas salidas.

Cine: Cualquier película se mata por un operador de nivel. Su margen creativo es elevadísimo, ofreciendo perspectivas que un director no puede ni llegar a imaginar. Se trata de los verdaderos cómplices del máximo responsable de las películas y de los encargados de dar forma a lo que imaginan.

Televisión: Es la edad de oro de las series de televisión. Las ficciones de la pequeña pantalla han alcanzado niveles inimaginables en estos últimos tiempos. La oferta se ha multiplicado a lo bestia, lo que también ha provocado una escalada brutal en la calidad de las piezas. Se necesitan auténticos fenómenos para hacer realidad momentos como aquel plano secuencia de True Detective, pero también para joyas españolas como Fariña, Gigantes o La casa de papel.

Videoclips: Aquí entramos en un terreno realmente dulce para los operadores. Estamos ante piezas de descomunal libertad creativa, por lo que se antoja caldo de cultivo idóneo de cara a demostrar todo lo que se puede hacer con una cámara. Otro nicho de enorme crecimiento.

Publicidad: En lo que a rentabilidad se refiere, nada como la publicidad. Los anuncios son cada vez más flipantes (volvemos a recordar el de Kenzo). Ya no vale con tres planitos sencillos. Ahora se buscan auténticos creativos de la cámara.

Visto lo visto, queda claro que para cualquier pieza audiovisual que se precie hacen falta auténticos fenómenos como operadores de cámaras.

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