Si decimos cine masculino, nos viene a la cabeza Vin Diesel en un ring contra su versión peluda, Jason Statham. Los jueces, Van Damme y Steven Seagal, con estoica mirada, fruncen el ceño inmersos en un humo espeso. En el caso del femenino, Jennifer Aniston y Cameron Diaz intercambian secretos entre capuchinos y largas sonrisas…

¡Venga! No me digáis que no lo oléis. Huele a pasado. Siento que el calentamiento global me funde tanto el cerebro como estos arquetipos derrocados. No está todo hecho, aunque desde hace tiempo una nueva época empieza a desdibujar las líneas. La tipificación no es puramente cinematográfica. Procede de la lucha de sexos. Del rosa para mujeres y azul para hombres. Del Sofia Coppola en una mano y Clint Eastwood en la otra. En mi mano no se estorban el uno al otro, el juego es más entretenido si no me suscribo tan solo a una técnica.

Happy Together (1997) Wong Kar-Wai

El cine para mujeres hecho por hombres, lleva siendo nuestra única opción desde siempre. Las mujeres que ya sabíamos desde hace tiempo que somos igual de capaces, ahora empezamos a creerlo  de verdad. Ellas, valientes, clavan su mirada en el objetivo, gracias a otros valientes que apuestan por un futuro irremediable. Porque si las mujeres no aportan su visión, los hombres proyectan una idea de la mujer que no ha podido basarse o enriquecerse de una proyección femenina real. Estas visiones tan necesitadas, renuevan las ideas a su alrededor que habrán podido refrescarse, bebiendo de la fuente adecuada.

Fire (1997) Deepa Mehta

Esto no quiere decir que solo podamos enriquecernos de cine femenino y perpetuar una nueva lucha de sexos. Pondré un ejemplo de cine hecho por hombres sin fronteras de ningún tipo. Happy together, una pieza exquisita que nos sirvió Wong Kar-Wai, me ayuda a explicar porque en el cine el género femenino y el masculino son categorías en proceso de exilio. En ella espiamos a una pareja abocada a un círculo vicioso emocional. Físicamente estancados en un espacio, alivian su lucha interna entre bailes a golpe de beso, cigarro y puñetazo; en un compás de 3 caladas por 4 lágrimas. Una  violencia que no es siempre física al son de una música casi silenciosa, que a modo de remedio jamás cura, pero al menos anestesia. Un reparto y dirección masculina cala en mi entrañas femeninas, igual que Monster. Hecha por mujeres para exprimir sin piedad cualquier corazón. Patty Jenkins te dice: arriésgate a mirar al monstruo a los ojos, y luego intenta ejercer de juez sin dudar primero.

Monster (2003) Patty Jenkins

Porque si el amor no tiene nombre, y el cine trata de buscarlo en su cocina, las formas y temperaturas se subliman si no limitamos los ingredientes. Sería una pena perderse sabores. Yo, al menos, creo que un manjar es un manjar y quien lo haga, es lo de menos.

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